El otro lado del éxito
ANDRES TORRON
Darío Grandinetti estuvo unas pocas horas en Montevideo para promocionar El Lado Oscuro del Corazón II, último filme de Eliseo Subiela estrenado este viernes, donde el actor retoma el personaje del poeta Oliverio. Supuestamente su avión partía a las 17 horas. A las 16 había una fila de periodistas esperando que el actor regresara de almorzar. La entrevista parecía imposible. Sin embargo, cambio de vuelo mediante, y siendo el último en la agenda hubo tiempo para una charla sin estrés.
–¿Cómo fue retomar un personaje que habías hecho diez años antes? ¿Te había quedado algo de Oliverio o tuviste que empezar de cero?
–Había algo. Sobre todo porque este es un personaje que a mi me gustó mucho hacer. Aunque hubiese querido no me hubiese podido olvidar, porque todo el tiempo recibo comentarios de gente que vio la primer película. Es más, hubo un tiempo en el que yo ya estaba harto que me hablaran de El lado oscuro del corazón, porque parecía que no había hecho nada más en mi vida y eso para un actor es molesto. Pero a la hora de volver a hacerlo diez años después, me facilitó la tarea. De todos modos al personaje y a mi nos habían pasado diez años, entonces tampoco estaba mal que no tuviera muchas cosas en claro. Fue muy placentero, lo que lamento es que cuando se estrenó la película en Buenos Aires yo estaba en España filmando. Cuando se estrenó estuve menos de 48 horas en Buenos Aires para ver la película, no pude disfrutarla. A los diez días me enteré de que ya no estaba más en cartel, con lo que me quedó una sensación amarga.
Pero si me pongo objetivo en cuanto al trabajo fue muy placentero, como había sido la primera parte y como lo fue cada vez que trabajé con Subiela.
–Subiela es un director bastante maltratado por la crítica. Al parecer no estás de acuerdo con esos juicios…
–No estoy de acuerdo con la crítica en general. No creo que Subiela sea el único director al que los críticos tratan mal. Los críticos suelen tratar bien a los directores extranjeros, son mucho más condescendientes con ellos. Nunca son tan irrespetuosos como los son con los directores locales. No sólo demuestran su desconocimiento del arte cuando hablan mal, son peores en los elogios. Los adjetivos que utilizan para hablar bien de una película, demuestran que no tiene la menor idea de que coño están hablando.
Siempre están muy lejos de lo que uno se ha propuesto hacer con un personaje o una película. A mí no me gusta la gente que opina sobre algo que no ha hecho nunca. A mi juicio no tiene ninguna autoridad.
–Tienen la ventaja de la distancia, un actor hablando de actuación puede no ser muy objetivo…
–Pero seguramente sabe bastante más que un crítico. Esto sería fácilmente solucionable si los críticos encabezaran diciendo «en mi opinión…» Ahí podrían decir lo que quisieran. Pero eso no es así.
–Vos dijiste en otra nota que la película no había tenido éxito porque no había seguido las fórmulas preestablecidas….
–No sé si es por eso. Ocurrió algo raro. Para que no te guste una película tenés que verla antes. Acá la gente no fue. Entonces te preguntás por qué, qué fue lo que pasó.
–Al mismo tiempo hay en Argentina un movimiento de cine alternativo e independiente que ha sido muy bien recibido…
–Sí, pero no es exitoso. Es decir, son películas que tienen menor expectativa, menor inversión. Esta fue una película hecha con una gran expectativa de que funcionara bien. Sobretodo por el antecedente de la primera.
–¿Qué te parece esa nueva movida del cine argentino?
–Me parecen películas honestas, que no están hechas con una receta viendo que ingredientes hay que poner para que sea un éxito. En ese sentido hay muchas películas que tienen gran éxito de público que no me parecen honestas, que no me interesan.
–¿Podés elegir en qué películas trabajar?
–Es muy difícil. Los actores por lo general elegimos poco. Hacemos lo que podemos y algunas veces eso coincide con le que nos gusta. No es fácil. Como no es fácil opinar. Las opiniones sobre la manera en cómo se lleva esto, que es un negocio, traen aparejadas consecuencias indeseadas. Si yo como actor me pusiera a pensar en función de la carrera, de lo que me conviene, seguramente hubiese tenido muchos más éxitos comerciales. Pero como para mí el éxito pasa por otro lado, puedo decir tranquilamente que soy muy exitoso. Hace más de veinte años que vivo de lo que quiero, que es mi único objetivo. No tengo otra expectativa. Quiero vivir de mi profesión, poder crecer y hacer mi trabajo lo mejor posible, compartir esto con actores respetados y respetables. Desde ese lugar no creo que haya un tipo más exitoso.
–¿Cómo te llevás con la televisión? Has hecho cosas que tuvieron mucho impacto en su momento
–La televisión goza de muy buena salud sin mí.
–Parecería que goza de muy buena salud sin programas de ficción…
–Es curioso, porque los programas de mayor rating siguen siendo los de ficción. La televisión dejó de ser un medio de comunicación. Se utiliza como un negocio, nada más. Siempre dicen que se da lo que la gente quiere ver. Pero si existe alguien que debería intentar ayudar a que la gente mejore su gusto, son quienes justamente hacen la televisión. La medida de la hipocresía se encuentra cuando se ve como se promocionan determinados programas. Si a los programas de ficción les dieran la manija que le dan a los reality show, seguramente funcionarían mucho mejor que cualquier otra cosa. El tema es que hacer un reality show es más barato. La idea es hacer plata lo más rápidamente posible. Si se agota un producto en seis meses no importa.
–Decís que es bravo para un actor opinar sobre la industria de la televisión. También molesta que hable de la realidad social y política.
–Yo trato de cuidarme bastante. No quisiera ser un «opinólogo», esos personajes que terminan hablando de cualquier cosa. Un poquito sé de actuar. Sentirme obligado a opinar de determinadas cosas no me gusta. A veces tengo ganas de hablar y no necesito que me pregunten. Hay gente que de lo que le pregunten sabe y opina.
–Forzándote a opinar, ¿te parece que la crisis en Argentina es solamente económica?
–No. Ha llegado un punto en que se ha convertido en una excusa. No puede ser que la solución sea solamente económica. Nunca fuimos un país del Primer Mundo y no estábamos tan mal. Claro que hay crisis económica. Pero también hay una crisis moral y ética que venimos arrastrando desde hace mucho tiempo. La política dejó de ser un acto de servicio público para convertirse en una profesión. Ya nadie se acerca a la política por vocación de servicio, entonces estamos listos.
Vos los ves a los políticos en estos programas que se dedican a burlarse de ellos y van de los más contentos. Les importa muy poco que se dice, lo importante es que se hable de ellos.
–Estuviste filmando una películas con Almodóvar, ¿cómo fue la experiencia?
–Muy buena. Muy exigente , muy creativa y demasiado larga. Aprendí mucho y también sufrí. Fueron cuatro meses de rodaje.
–Por lo que decís es muy perfeccionista.
–Absolutamente. Además el no tiene el límite del presupuesto. El me decía «una película está terminada cuando está terminada, no en una fecha estipulada».
–Hablando de teatro, la versión que hiciste de El Cartero de Antonio Skármeta fue una iniciativa tuya. ¿Qué fue lo que te trajo de la obra?
–La historia. Vi la película Il Postino que me pareció interesante. Pero después de leer la novela y de ver la película que filmó el propio Skármeta en Chile, me pareció una adaptación hecha por conveniencia para garantizar cierto éxito. Se sacaba de contexto la historia. Esa historia fuera de Chile tiene tan poco sentido, que hasta Neruda da igual. La historia original de El cartero es la de un desaparecido. El cartero es un desaparecido. Lo buscan y se lo llevan, porque era amigo de Neruda. Ese chico, ¿qué bomba puso, qué lío armó? Un chico de 19 años, que quería ser poeta para conquistar una mina.
–Tuviste un episodio de censura con esa obra, ¿no?
–En Santiago del Estero, no nos dejaron presentar la obra en un teatro que dependía de la gobernación de la provincia, porque había una escena de desnudo, tal como la escribió Skármeta. Que a estas alturas un desnudo provoque la censura es algo tan retrógrado que no vale la pena ni recordarlo. Lo gracioso es que en Chile la obra se estrenó bajo el gobierno de Pinochet y no se prohibió. *
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