Viejo animal

ANDRES TORRON

El Sabalero volvió a Montevideo para grabar un nuevo disco, que piensa editar a fin de año. Ayer dio un recital junto a Pepe Guerra y recibió el Premio Juan José Morosoli de la Fundación Lolita Ruibal. El martes y el miércoles estará en el Café El Ciudadano. Y lo espera una serie de recitales en el Interior. En medio de esa intensa actividad se hizo un tiempo para hablar con LA REPUBLICA.

El disco se llamará Re-percusión, no por el éxito que el álbum pueda tener sino porque la percusión será un factor principal en la música. En el nuevo CD, el músico volverá a interpretar viejos clásicos de su repertorio como «A mi gente», «La flota» o «La muerte» en nuevas versiones haciendo algunas canciones con la murga Los Diablos Verdes. Para Carbajal el álbum, que se editará por el sello Obligado, es una oportunidad de volver a darle una nueva visión a canciones con las que nunca estuvo conforme con la grabación original. El año pasado el músico había editado Noche de rondas, una excelente recreación de boleros y rancheras, que pasó injustamente inadvertido.

–El año pasado anunciaste que estabas preparando un disco con nuevas canciones ¿en qué quedó?

–El Viejo animal. Estoy haciendo cosas. Hacer un disco entero es, para mí, como hacer una novela. Son treinta años produciendo canciones y aunque uno no lo crea hay una coherencia. Te das cuenta después que lo hacés, hay un hilo conductor.

El problema es que ahora que quiero encarar un disco entero como una obra coherente, me parece que no puedo hacerlo. Ya lo hice muchas veces, pero sin darme cuenta, ahora que lo busco hacer a propósito me cuesta mucho. La idea del disco Viejo animal es la de un tipo como yo, que tengo 58 años, que no es que esté de vuelta, pero es un viejo y ha nacido en una época en que la historia fue a mil por hora.

Vivimos la posguerra en los cincuenta, la revolución de los sesenta, La guerra de Vietnam y las dictaduras en los setenta, el exilio, la vuelta al Uruguay con la democracia. Ahora estoy viviendo de vuelta afuera, no hay tanta democracia, hay una guerra mundial como cuando nací. Parece que estamos de vuelta en el principio

–Tu obra ha ido tendiendo más hacia lo literario ¿no?

–Sí, me gusta más contar con libertad. Además, yo no soy músico. Si te fijás las canciones mías son como cuentitos, después fui tendiendo más hacia los cuentos sin música. Lo que pasa es que como yo llevo esos cuentos al escenario, la necesidad de la música está siempre.

–Al encarar este trabajo de regrabar tus canciones clásicas y reencontrarte con temas que tienen treinta años, ¿podés distanciarte de ellos, verlos como si fueran escritos por otra persona?

–Canciones como » Chiquillada» las he grabado más de una vez, y han sido tocadas y grabadas por infinidad de personas. Me parecería un abuso grabarla de nuevo. Pero hay otras como «La flota» o «La muerte» que no me gustan como están en sus versiones originales. Hay otras como «A mi gente» que si nos juntamos bien con la murga puede quedar muy fuerte.

–¿Sos de escuchar tus discos?

–Jamás. Mis hijos escuchan mis discos allá en Holanda, cuando yo estoy acá. Cuando vuelvo todo se archiva. Escucho sólo mis canciones cuando ensayamos. Pepe Guerra por ejemplo, pasa a Los Olimareños todo el tiempo, yo no podría hacer eso.

–¿Y qué música escuchás?

–Bruce Springsteen me gusta mucho, Dire Straits también, desde hace muchos años. El rock me gusta mucho. También el tango, que me gusta de chico. Los boleros también. Esta última camada de boleristas que ha aparecido me recuerdan a la época de Lucho Gattica, Tito Rodríguez, Los Panchos. Me crié con esa música. Lo mismo que la música cubana. Me encantan los viejos de Buena Vista, pero yo escuchaba esa música de chico en la radio, cosas como El trío Matamoros que cantábamos con Pepe Guerra en los setenta en los asados.

–El año pasado te sacaste el gusto e hiciste un disco de boleros y música ranchera…

–Yo viví tres años en México y más allá de que ya escuchaba música mexicana, el haber vivido allá me dio la oportunidad de vivir más de cerca esa música. Conocí la obra de José Alfredo Jiménez, que para ellos representa lo que es Zitarrosa para nosotros. Es adorado en México.

–¿Quedaste contento con ese disco?

–Sí, por más que hay canciones que están desafinadas, más que nada porque no me acordaba bien de las melodías. Grabé «Ansiedad» por ejemplo, acordándome de una versión de Nat King Cole. Tendría quince o dieciséis años cuando escuché esa canción en un disco que él había editado en español. Dábamos serenatas con esas canciones a las gurisas de Juan Lacaze.

Una de las cosas que yo le agradezco a la vida es poder darme el gusto de hacer este tipo de cosas, como grabar ese disco de boleros. A veces hay tipos que se rompen el alma para grabar un disquito y no lo pueden hacer. Y yo hice lo que se me ocurrió. No tiene gollete que una empresa gaste la producción de un disco en un tipo que cuenta seis cuentos como hice en Cuentamusa.

–Así como te diste el gusto con el bolero y las rancheras, ¿no te gustaría hacer un disco de rock?

–Sí, el primer tema que tengo pensado para Viejo animal es un rock. La canción recuerda un poco mi adolescencia, cuando salí campeón, con mi hermana en un concurso de baile de rock. Me acuerdo cómo criticaban los viejos a las muchachas por bailar rock, era toda una transgresión.

–¿Cómo es vivir medio año en Holanda y medio en Uruguay?

–Para mí es normal. Cuando vengo aquí soy el músico, porque me dedico las 24 hora a esto. En Holanda soy el que está en la casa, cuida a los hijos, me levanto a las seis y media de la mañana para llevar a los niños a la escuela, cocino, hago las compras. Aunque parezca raro, tengo más tiempo para componer cuando estoy acá, porque llego a casa y estoy solo, fuera de los líos de la familia.

–Estando allá, ¿estás al tanto de lo que pasa en Uruguay?

–Totalmente. Leo los diarios, escucho la radio. Me enteré del atentado a las Torres Gemelas escuchando una radio uruguaya.

–Me decías al principio de la nota que ahora estábamos viviendo de vuelta una guerra mundial. ¿Cómo ves la situación actual?

–Creo que al principio nadie se dio cuenta de las dimensiones y de las consecuencias que trajo. Vino la soberbia del imperio, el tirar bombas indiscriminadamente, el decir «el que no está conmigo está contra mí». Y del otro lado están los otros anormales que matan a cualquiera. Sentís que sos parte de los seres inofensivos, que no tienen nada que ver con esto. Siempre caigo en lo mismo, pero la gente que tiene armas es jodida. Hay que erradicar las armas.

–¿Ves esperanza?

–No sé. Porque gane quien gane, la soberbia está instalada. La esperanza es que la gente los achique un poco. Porque los gobiernos se pelean por alcahuetear al poderoso, es de terror. Es el colmo de la indignidad.

–¿Qué te quedó del incidente con las Fuerzas Armadas?

–Me quedaron las ideas. Cada vez más. Porque ahora esta gente está de fiesta, se sienten importantes, piensan que son necesarios. Y yo pienso lo contrario. El exterminio del ser humano no tiene sentido.

–Canciones como La flota parecen ganar nueva vigencia ahora, con la cantidad de gente que se va del Uruguay.

–Creo que el gobierno toma eso como una inversión. Fue lo que hizo Franco cuando se fueron miles de españoles por la Guerra Civil
y la dictadura, que creó un banco para capitalizar la plata que entraba de la gente que estaba en el exterior. *

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