Dos en el escenario
Ambos músicos compartieron escenarios en infinidad de festivales aquí y en el exterior. Ahora será el escenario del Defensor Sporting el que volverá a reunir a estas dos figuras fundamentales de la música popular uruguaya.
Carbajal es por excelencia un cantautor narrativo –en el sentido de relatar historias–, un comunicador «irremediable» que en sus canciones hace pesar tanto la aldea como el mundo.
Por su dimensión artística Carbajal sigue manteniendo esa devoción privilegiada que le dispara el público, el que lo ha venido escuchando desde que arrimó a la perdurabilidad mapas de identidad profunda como Chiquillada y otras tantas canciones que ya están en la memoria emotiva.
El universo de El Sabalero es su pago: una familia de árboles, hombres, mujeres, gallinas, vacas, chiquilines, perros, tucu-tucus, bicicletas, arenales, cielo limpio y mucho amor.
Casi idéntica es la posición de Pepe Guerra. Cada uno en lo suyo, cada uno en su decir, cada uno en su concepción estética, Carbajal y Pepe Guerra poseen, entre otras cualidades, el mérito de la coherencia artística y humana: son la razón de la canción, entre otros autores, por supuesto, pero su fecunda obra refleja claramente el pasado inmediato y los avatares de una actualidad a la que ambos trovadores nunca han sido indiferentes.
Pepe nació en la ciudad de Treinta y Tres y su único oficio fue siempre el de cantor popular. Sin olvidar nunca su origen humilde, logró sin proponérselo que en Uruguay su nombre se fuera haciendo sinónimo de la música del pueblo, sintetizando en sus cantares el sentir y los ritmos de su gente. Un dato contundente es que no existe ningún uruguayo dentro o fuera del país, que no sepa quién es Pepe Guerra, el cantor que nació junto al río Olimar.
Integró el dúo Los Olimareños, que con 44 discos editados recorrió el mundo entero y obtuvo innumerables discos de oro y platino. El dúo ya no existe, pero permanece vivo en la memoria colectiva de todos los uruguayos como un punto referencial.
Más que un conjunto de canto popular, sigue siendo un fenómeno social irrepetible. En la etapa más dura del país, a partir de 1973, Los Olimareños fueron prohibidos, pero sus canciones permanecieron porfiadamente en labios de la gente, tanto en los centenares de miles de uruguayos que emigraron como en los que se quedaron.
El recital de hoy será, sin dudas, una excelente oportunidad para comprobar la vigencia de estos veteranos de la canción. *
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