"LOS MUERTOS", DE FLORENCIO SANCHEZ, EN EL TEATRO CIRCULAR

Blanca Nieves y la muerte

Una sensación moderna, de premura y peligro, de ímpetu y de irreflexión, recorre la pieza de un extremo al otro. ¿Es un nuevo Sánchez, es lo que tal vez Sánchez haría hoy? No estamos seguros.La idea que tiene Tabaré Rivero de Los muertos en nada difiere de la clásica. Tanto Lisandro como Julián padecen de un vicio, antaño el alcohol y hogaño el alcohol más las drogas, sin contar la música disco. El planteamiento es exactamente el mismo: si nos drogamos, si nos embriagamos, vamos camino a la pérdida del carácter y a la muerte en vida; y así esta versión reproduce en la misma forma el tema de la obra original, que muchos creen un manifiesto abstencionista y ahora, por extensión, contra las drogas. Si Los muertos apuntaba a un cuadro catastrófico de una sociedad vacía e hipócrita, que iba hacia el alcohol impelido por el vacío de la vida, la versión actual reproduce el mismo diseño sin profundizar el tema: incluso la dependencia (y las reivindicaciones) de la mujer, tan vibrantemente dichas por Amelia al fin del primer acto del original, no tienen relevancia, porque ella se ha integrado totalmente a una forma de vida frustrante que debe aniquilarla. Nosotros creemos que Sánchez no tuvo un propósito tan limitado como el de redactar una proclama, y creo que ni siquiera hubiera entendido la idea de escribir una pieza contra el empleo de las drogas. Si el tema de Rivero había de ser el consumo de drogas, la fascinación de los alucinógenos como medio de ahorrarnos esfuerzos y tomar por asalto a la felicitad, el debate no pudo desarrollarse en términos maniqueos, de blanco contra negro. Debió señalarse las causas de esta válvula de escape, de esta tendencia a la evasión, por qué el mundo deviene insoportable; debió indicarse a la tensión nerviosa, que desde De Quincey sabemos que es «el flagelo secreto de la vida humana» que puede arruinar la vida y la salud más que la marihuana o la cocaína, o aun la depresión, que es su contracara no menos mortífera. Sabemos que algunos países, como Nepal y Holanda, han legalizado el consumo de la droga; ni Nepal es más pobre ni Holanda menos rica por ello y vemos a los holandeses prósperos y saludables. Baudelaire, luego de una larga y brillante discusión («Los paraísos artificiales») concluyó en una condena del haschich y la marihuana (y genéricamente de todos los alucinógenos) por graves razones morales; pero sus fundamentos son muy distintos de las exhortaciones lineales de una catequesis o de la compulsión de una obediencia ciega al Código Penal o a los edictos de la Policía. A esta indefinición de la obra, que aparece en este punto tan oscura como el original, se agregan algunas dificultades de la puesta en escena. La velocidad, en un teatro tan inerte y desmayado como el nuestro, es muy recomendable; pero no debe llegar a que las escenas no logren la suficiente independencia y autonomía, con mayor y mejor claridad, amén de las legítimas pausas, en su armado y resolución. También es bueno atacar frontalmente los prejuicios, pero la escena de sexo agregada a Los muertos no tiene justificación que se haya podido percibir. Son muy encomiables las actuaciones de Juan Gamero y de Carlín; pero nos sorprendió ver a una actriz como Paola Vendito en un papel secundario, casi como de integrante de un coro. *

LOS MUERTOS, de Florencio Sánchez, en adaptación de Tabaré Rivero, con Laura de los Santos, Carlín, Juan Gamero, Elena Saavedra, Paola Vendito, Mariela Maggioli, Roberto Moré, Gustavo Bianchi y Roberto Zimiechevsky. Música de Gabriela Martínez, vestuario de Hugo Millán, escenografía de Osvaldo Reyno, dirección de Tabaré Rivero. Estreno el 16 de noviembre, Teatro Circular, sala 1.

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