La importancia de llamarse Oscar
Gustavo Iribarne
En apariencia, el filme American beauty del director Sam Mendes estaría destinado a coronarse como legítimo monarca de la pantalla hollywoodense. Esta sátira bastante despiadada sobre las fisuras del «american way of life» podría hacer saltar la banca si es que la mayoría de los 5.600 votantes de la Academia no prefieren los ecos de la taquilla y se dejan seducir por la precisión mágica de El sexto sentido que también cuenta con seis nominaciones al Oscar, incluyendo Mejor Director, Mejor Guión Original y Mejor Actor Secundario (Haley Joel Osment, un excepcional actorcito de once años).
Si bien las preferencias aparecen relativamente divididas, lo cierto es que, –hoy por hoy–, no existen las certidumbres que se dieron años atrás cuando largometrajes como Titanic o La Lista de Schlinder aparecían como favoritos indiscutibles en vaticinios y apuestas. En esta oportunidad existen matices que dividen la balanza entre intelectualidad crítica y gusto popular, en una pulseada que muy probablemente deje fuera a Las reglas de la vida («The Cide House rules»), de Lasse Hallstrom; Milagros inesperados («The green mile»), de Frank Darabont y El informante («The insider»), de Michael Mann.
Es que ni las urticantes revelaciones periodísticas sobre juicios a tabacaleras o el melodrama de un joven huérfano, parece resultar tema de riesgo para los otros candidatos mencionados.
Tampoco el «realismo mágico estadounidense» de esos «milagros» en el pasillo de la muerte, producción estelarizada por Tom Hanks, –un actor muy mimado con dos estatuillas al hilo en su haber–, resulta un título competidor frente a pronósticos que depositan su confianza en la Belleza americana protagonizada por Kevin Spacey y Annette Bening o El sexto sentido, historia de un niño que ve los fantasmas que circulan por el mundo, una narración espeluznante escrita y dirigida por Night Shyamalan.
A nivel de dirección el filme ganador también puede ir señalando las victorias de este rubro en cuestión, donde Shyamalan y Mendes serían firmes candidatos a pesar de la solvencia de Michael Mann o la jerarquía de Hallstrom. Pero la cuestión es que con Hollywood nunca se sabe: hace diez años, –por ejemplo–, que ningún actor de color gana el Oscar a pesar de los augurios que favorecen a Denzel Washington por encima de Spacey (Belleza..), o Russel Crowe (El informante).
En el caso de las actrices, la gran apuesta está mil por ciento a favor de Hilary Swank (Los hombres no lloran), aunque la sombra de Julianne Moore (El ocaso de un amor), puede empañar estas certezas.
Será cuestión de esperar los fallos, deseando que la velada no se haga tan pesada y rutinaria como viene siendo costumbre de los últimos tiempos.
Que así sea.
Las reglas del juego
Pánico en Hollywood causó el anuncio de «The Washington Post» de que publicaría el resultado de un sondeo realizado entre un buen número de votantes del Oscar, revelando qué votó quién.
El hecho hizo volver a discutir las reglas de votación; muchos integrantes de la Academia quieren que se divulgue el resultado de la elección. Incluso quieren entrar en los archivos y disipar viejas dudas.
El año pasado, Shakespeare apasionado ganó a Rescatando al soldado Ryan. «todo el mundo supone que la película de Spielberg perdió por muy poco, pero la realidad se desconoce y tenemos derecho a ella», afirmó el guionista William Goldman. Pero otros piensan distinto. «¿Qué pasaría si se sabe que una película ganó por sólo un voto? Sería una locura. Se hablaría todavía más de proceso y los premios perderían credibilidad», comentó un viejo académico.
Y la credibilidad publicitaria es algo que el Oscar ha sabido preservar. Queda claro que la película premiada no es la «mejor del mundo» (si eso quiere decir algo). No se premió a El ciudadano, tampoco se premió nunca a Hitchcock. El premio simplemente indica que la película gustó a un público amplio, no integrado por críticos, pero sí por gente cercana al cine. Una cantidad de votantes suficientemente amplia como para aventar sospechas de maquiavélicas conspiraciones. Pero también para que incida en ella la publicidad y el gusto sensiblero.
La Academia de Artes y Ciencias de Hollywood está integrada por 6.316 miembros: 1.321 actores, 460 productores, 407 ejecutivos, 404 escritores, 400 técnicos de sonido, 358 relacionistas públicos, 354 directores, 351 directores de arte, 249 músicos, 220 montajistas, 319 realizadores de cortos, 197 técnicos de efectos especiales, 165 directores de fotografía y otros 402 de pequeñas especialidades y membresías de cortesía.
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