Homenaje a Kurosawa
Se recuerda en particular el cincuentenario de la exhibición (y premiación) de su filme Rashomon en el Festival de Venecia de 1951, que dio a conocer no solamente la personalidad de un creador singular sino más ampliamente la pujanza del cine japonés.
La idea surgió del encargado del Subte y coordinador de la actividad Enrique Badaró Nadal, y consiste en reunir una serie de obras de plásticos uruguayos inspirada (o «sugerida») por el trabajo de Kurosawa, acompañando dicha exposición con la exhibición de una selección de los filmes del director.
El evento incluye trabajos de los artistas Agueda di Cancro, Octavio Podestá, Nelson Ramos, Javier Bassi, Gerardo Goldwasser y Alvaro Zinno, que se expondrán en el Subte mientras en Sala Cinemateca se efectúa una revisión de la obra cinematográfica del maestro japonés.
Cuando Rashomon llegó a Venecia, Kurosawa no era un principiante. Nacido en Tokio en 1910, había desarrollado toda una carrera previa como ayudante de dirección y libretista, y realizado once largometrajes desde 1943. En esos filmes y en su obra posterior, el director alternó relatos de ambiente contemporáneo con epopeyas de época, y empeños de ambición creativa con otros que deben ser entendidos como meros compromisos comerciales. Es significativo que haya adaptado obras de Dostoievskii (El idiota), Shakespeare (Trono de sangre, Ran), Gorki (Los bajos fondos) y hasta Ed McBain (El cielo y el infierno) con tanta asiduidad como autores japoneses.
Sus películas de acción han asombrado a críticos de todo el mundo porque la acción se despliega sin descanso, aprovechando la magnífica competencia de sus intérpretes como acróbatas y mimos, con una sabiduría mayor para colocar la cámara y planear el movimiento de antemano, con una particular atención por la continuidad y la velocidad de montaje sobre movimiento. Sus filmes modernos han podido explorar problemas sociales y psicológicos (El ángel ebrio), han utilizado el género policial como pantalla para recorrer ambientes sociales muy definidos (Perro rabioso), han atacado temas polémicos como el sensacionalismo periodístico (Escándalo).
Esa segunda zona de su obra incluye por lo menos una obra maestra absoluta (Vivir) y otras visiones críticas como Los malos duermen bien o El cielo y el infierno, que cuestionaban pecados de magnates más bien contemporáneos.
Otra parte del aporte de Kurosawa ha consistido en experimentos de adaptación, con trasposiciones de tiempo y lugar para El idiota, Los bajos fondos o Trono de sangre. Pero tanto en unas películas como en otras hay una mirada desencantada y piadosa, conmovida y trágica, hacia las locuras y las debilidades humanas. Como también ocurrió con su admirado John Ford, la zona final de la carrera de Kurosawa acentuó una dimensión contemplativa y serena, impregnada de una sabiduría que resulta claramente un síntoma de madurez. A ese período pertenecen Rapsodia en agosto o su final Madadayo.
El repaso de la obra de Kurosawa que se efectuará en Sala Cinemateca comienza hoy con Rashomon, y continúa con Vivir (viernes 16), Los siete samurai (sábado 17), Trono de sangre (domingo 18), La fortaleza escondida (lunes 19), Los malos duermen bien (martes 20), Yojimbo (jueves 22), Sanjuro, el samurai (viernes 23), El cielo y el infierno (sábado 24), Bondad humana (domingo 25), Dersu Uzala (lunes 26), Kagemusha (martes 27), Ran (jueves 29), Ran (viernes 30) y Madadayo (sábado 1º. de diciembre).
La actividad, organizada por el Departamento de Cultura de la Intendencia de Montevideo, será acompañada por un importante catálogo con textos de Manuel Martínez Carril, Fernando Loustanau y Joan van der Berghen. *
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