Las miserias del poder
El filme había circulado, desde su estreno en 1957, hasta el momento en una versión mutilada por sus productores. La película tal cual se conoció hasta ahora fue considerada con razón una obra maestra del cine. Sin embargo Welles nunca había quedado conforme con el resultado, por la manipulación posterior de la compañía Universal, que le sacó 15 minutos del original y le agregó escenas realizadas por otro director (Harry Keller).
La restauración, llevada a cabo por un equipo encabezado por el crítico Jonathan Rosembaun, incorpora veinte minutos ausentes en la copia de estreno (otra, un poco más larga, circuló después en video), e introduce en el montaje algunas modificaciones que acercan el resultado a la declarada intención del autor. El lanzamiento del filme se realiza dentro del proyecto Viva la Diferencia, dedicado a promover cine autoral y de calidad.
Tras la serie de enfrentamientos con la industria norteamericana padecidos luego de la realización de El ciudadano, Welles había estado exiliado de Hollywood durante casi diez años, desempeñó labores secundarias como actor, y hasta llevó a cabo en Europa un par de accidentados rodajes (Otelo y Mr. Arkadin), antes de que el productor Albert Zugsmith le ofreciera trabajar en esta película. Los detalles de ese ofrecimiento, y hasta el modo en que Welles llegó a realizar el film, varían según los testigos. En la versión de Zugsmith, Welles, quien había trabajado para él en un filme dirigido por Jack Arnold (La tragedia del Río Grande, 1957), se habría ofrecido a dirigir «el peor guión que éste pudiera ofrecerle». El dudoso honor habría recaído sobre la adaptación escrita por Paul Monash de la novela Badge of Evil de Whit Masterson. Otra versión afirma que Welles fue contratado solamente para encarnar al detective Hank Quinlan, pero que cuando Charlton Heston (que interpreta en el filme al policía mexicano Vargas) se enteró de quién sería su compañero de reparto habría dicho «¿Saben? Orson Welles es bastante buen director. ¿Nunca se les ocurrió que podría dirigirlo?». El propio Welles incorporaría una variante: Heston, entendiendo que Welles sería el director, habría respondido que «estaba dispuesto a trabajar en cualquier película dirigida por él».
La verdad puede estar en cualquier punto intermedio entre todas esas versiones, pero es un hecho que a Welles se le encomendó el trabajo y que reescribió totalmente el guión de Monash; según él al menos, solamente leyó la novela de Masterson después de haber terminado la película. El resultado es la prueba viviente de que en el cine no importa tanto la historia sino la forma en cómo está es contada. La obsesión por los temas de la corrupción y la vanidad del poder, la predilección por los climas negros e inquietantes, y la belleza formal, exhiben el sello inconfundible de un creador personal y único.
Los problemas que surgieron tras el rodaje son casi rutina en la trayectoria de Welles. A la productora Universal la asustó aparentemente el sombrío clima de la historia y el pesimismo de su visión de la condición humana, y decidió modificar el montaje y hasta incorporar algunos planos rodados por otro director para «airear» la historia. Así se llegó a una primera versión de 108 minutos que no fue, sin embargo, la que se estrenó comercialmente: ésta tenía aún quince minutos menos, y fue lanzada con la publicidad limitada de un film secundario. La fama de Welles como «autor maldito» se vio reforzada una vez más, pese a que la carrera comercial del filme fuera de Estados Unidos fue mejor que en su propio país.
El paso del tiempo pondría las cosas en su lugar, y este relanzamiento (que en cierta manera constituye un verdadero estreno) lo demuestra. El filme ha sido restaurado siguiendo de la manera más cercana posible el memo de 58 páginas que Welles dirigiera a la empresa Universal cuando le rechazaran su corte preliminar, indicando cómo debía a su juicio editarse y sonorizarse su película. Apenas una quinta parte de sus observaciones fueron tenidas en cuenta en la versión de 108 minutos de 1958, que fue recuperada en 1975 y relanzada en video. Más tarde se recuperaron otros materiales de los depósitos de Universal, y en base a ellos, al memo de Welles y a las dos versiones existentes se realizó la presente restauración.
En conjunto se han realizado alrededor de cincuenta cambios, algunos de ellos muy pequeños. Una de las variantes más visibles es empero el famoso plano del comienzo, ese larguísimo travelling que en cierta forma resume el sentido y hasta la anécdota del filme, que en la versión comercial aparecía profanado por los títulos de crédito, y ahora recupera toda su admirable potencia original. *
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