Entre el miedo y la obsesión
Cuando asume la peripecia humana con percepción minuciosa, el cine se transforma en un privilegiado testigo de conductas humanas, desnudando dobles morales, ambigüedades y hasta ominosos sentimientos.
En Gracias por el chocolate, el cineasta francés Claude Chabrol construye un irreverente retrato de la sociedad burguesa posmoderna, con sus miedos, manías y obsesiones.
Recurriendo a algunos resortes habituales en el cine de suspenso hitchcockiano, el realizador concibe un relato hermético, en el que se entrecruzan hipótesis, presuntas verdades y mentiras piadosas.
Jeanne (Anna Mouglalis) es una joven y talentosa pianista que, a partir de una inesperada revelación, sospecha que su verdadero padre puede ser André Polonski (Jacques Dutronc), un célebre concertista que vive ensayando todo el día en su lujosa mansión.
El artista contrae enlace con Mika (Isabelle Huppert), poderosa industrial de una fábrica de chocolates.
La hermana de esta mujer, que murió en un misterioso accidente, estuvo casada antes con el pianista.
El otro integrante de esta tetralogía humana es el hijo del concertista (Rodolphe Pauly), un joven ocioso, banal y conflictuado al que su padre parece no prestarle demasiada atención. Sin embargo, su madrastra lo protege como si se tratara de su propio vástago.
El frágil equilibrio familiar erigido sobre una arquitectura de apariencias se desmorona inesperadamente, cuando la joven pianista irrumpe en escena insinuando que André Polonski es su verdadero progenitor.
Hasta este tramo del relato, el filme parece evolucionar hacia un complejo cuadro de equívocos y desencuentros, materia prima primordial de las inefables telenovelas de procedencia venezolana.
Sin embargo, Chabrol se las ingenia para modificar radicalmente el curso de la historia, concibiendo una extraña aleación entre el thriller psicológico y el conflicto familiar con trasfondo dramático.
Una secuencia de acontecimientos despierta ciertas dudas y sentimientos de desconfianza entre los protagonistas. La misteriosa muerte de la esposa del pianista regresa al tapete, pero ahora la hipótesis es que realmente fue un asesinato maquivélicamente planeado por Mika.
Manipulando los hilos de la narración con pulso pausado, moroso y asordinado, el famoso realizador francés va construyendo nuevos laberintos que desafían la inteligencia y la intuición del espectador. Afloran, entonces, los miedos, las obsesiones y las patologías humanas, que transforman los aparentes sentimientos de amor en odio y el afecto en celos enfermizos.
La violencia es aquí tan implícita como las pasiones. No hay golpes ni gritos, porque la crueldad –que es igualmente despiadada– siempre va por dentro.
La cámara se detiene –a propósito– particularmente en los gestos y actitudes, que van precipitando un dramático paisaje de ruptura entre los protagonistas.
Aunque se insista en definir a este filme con el convencional rótulo de thriller psicológico, Gracias por el chocolate es una dramática crónica de almas atormentadas por la culpa.
Claude Chabrol –que dirige en esta oportunidad su filme número 52– ratifica toda su sensibilidad para capturar micromundos turbulentos y observar conductas humanas, relevando arquetipos concretos y representativos de una sociedad burguesa obsesionada por ocultar y aparentar: la pianista que vive rodeada por la mentira, el veterano concertista a quien sólo parece interesarle su carrera, la enigmática empresaria que odia en silencio y el joven sumido en su vacio existencial.
La obra de Chabrol, creador abanderado de la denominada Nouvelle Vague, se ha caracterizado siempre por una severa lectura de la sociedad francesa cargada de sarcasmo.
Aunque Gracias por el chocolate parece distante del esplendor que supo cosechar el realizador galo, es igualmente una obra prolija y correctamente narrada, que explora las psicologías humanas desde un ángulo despiadadamente crítico. A ello suma una generosa dosis de suspenso y una intriga deliberadamente inconclusa. La banda sonora, integrada por un repertorio clásico de calidad en el que sobresalen los Funerales de Franz Lisz, y un reparto actoral muy competente, transforman a Gracias por el chocolate en un filme que merece atención. *
GRACIAS POR EL CHOCOLATE. Francia-Suiza 2000. Producción: Marin Karmitz. Dirección: Claude Chabrol. Reparto: Isabelle Huppert, Jacques Dutronc, Anna Mouglalis, Rodolphe Pauly y Michel Robin. Duración: 99 minutos.
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