ENRIQUE BUNBURY EN BUENOS AIRES

El pequeño cabaret ambulante de un crooner con mayúscula

Coreado por miles de gargantas en el concierto final de la gira «Pequeño cabaret ambulante» (*), dando muestras de agradecimiento a la multitud que lo acompañó el pasado 28 de octubre en Buenos Aires, el ex líder de Héroes del Silencio, grupo ícono de mitad de la década de los 80 y mediados de los 90, brindó una performance contundente demostrando, además de sus conocidas dotes vocales, que se ha convertido a lo largo de 16 años de carrera en un showman completo.

Con los primeros acordes de Intro, canción que abre Pequeño cabaret ambulante –su tercer disco solista grabado en vivo en México– las luces comenzaron a encenderse, dibujando desde el escenario de El Teatro las siluetas de la formidable banda que lo acompañó, siempre comandados desde los teclados por el maestro Copi.

La irrupción del Bunbury sobre las tablas con De mayor, también incluida en Pequeño…, enloqueció a los miles de fans presentes. Finalizada De mayor, una canción que remite a la pérdida de la inocencia en el camino hacia la adultez, Bunbury dio la bienvenida, y despedida a la gira que lo llevó por Estados Unidos, México, Chile y Argentina.

«Hoy estamos tristes porque es el último concierto de la gira», confesó el músico, lo bueno es que la depedimos con ustedes». A partir de ese momento, las casi dos horas que estuvo sobre las tablas –salió cuatro veces a pedido del público–, Bunbury brindó un show apoteótico, llenó de energía, entregándose por completo a su público.

Extraña (y disfrutable) mezcla de Morrison, crooner y bailaor de flamengo, el zaragozano repasó parte de sus últimos discos (**), clásicos de Héroes… como Iberia sumergida, Maldito duente, Apuesta por el rock and roll, y algunos adelantos de su nuevo disco Flamingo’s.

Contra la corriente

Tras interpretar unas cuantas canciones de Pequeño durante una hora y cuarto aproximadamente, entre las que se pudo escuchar nuevas versiones de Alicia (expulsada al país de las maravillas), Big Bang, el sólido y contundente Contracorriente («Contra las siliconas, contra Cheyenne y siempre contracorriente porque es más divertido», sostuvo, arrancando el aplauso y los festejos de todos los presentes, incluido este cronista) y Salomé (ambos de Radical sonora), el crooner, nacido en Zaragoza en 1967, finalizó el show con El jinete y Confesión, el tango de Discépolo que le hizo conocer su amigo Andrés Calamaro. Apuesta por el rock and roll fue el primero de los bises, y uno de los más coreados por las 2.500 personas que se dieron cita en El Teatro; a partir de ese momento, Bunbury debió salir tres veces más al escenario a pedido de sus fans, que disfrutaron de un recital y una performance sencillamente perfecta.

La mancomunión y el feedback que Bunbury logra con su público en base a la fina poética de sus letras y al manejo de la escena que posee hicieron del último toque del Pequeño cabaret ambulante una experiencia única que, según el artista, se repetirá en marzo o abril del próximo año cuando pise otra vez el nuevo mundo para presentar Flamingo’s. *

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