Las apariencias y el horror
El filme «Premonición», de Sam Raimi, posee una caligrafía narrativa de suspenso e intriga donde no faltará el crimen. El cineasta trabaja espléndidamente sobre las variaciones del género y se luce con un elenco de primeras figuras en el que sobresalen claramente Cate Blanchett, Giovanni Ribisi e Hilary Swank, actores de una intuición y una generosa composición expresiva. Hay que verla por su solvente resolución cinematográfica.
Inquietante de principio a fin o al menos es lo que se pretende como ficción cinematográfica. Un filme como Premonición, por ejemplo, viene a irradiar el talento de Sam Raimi, ese eterno protegido de los monumentales hermanos
Coen ha sabido de altibajos pero ya su título predecesor, Un plan simple, había vuelto a reinstalarlo en la pista de los más que atendibles resultados cinematográficos.
Aquí se parte de un estimulante libreto escrito por la sensible creatividad de un notabilísimo actor y cineasta como Billy Bob Thornton (quien actuó meritoriamente en Un plan simple, la anterior de Raimi), y se intuye el desenlace de esta narración que produce intriga y suspenso del mejor, para que Raimi transite por superficies peligrosas y laberínticas, las que ya sabe dominar en un tris. Un perfecto sentido del ritmo que se acelera y se distiende de acuerdo al conflicto planteado (el asesinato de una bella jovencita caracterizada por Katie Holmes) y de las ambientaciones, del montaje y la fotografía de amplia paleta y amplia respiración, del rendimiento de un elenco tan estelar como superdotado.
En Brixton, una localidad estadounidense, ocurre un terrible asesinato por cuestiones pasionales. Del mismo no se sabrá hasta casi promediar el relato porque Premonición trabaja en forma lineal, sí, pero por acumulación de data, mientras los personajes se van presentando, desplazándose y rozándose en un itinerario coral: la protagonista que se gana la vida lanzando las cartas y que posee visiones (la siempre espléndida Cate Blanchett); el freak u outsider de buen corazón pero con desarticulaciones emocionales y temperamentales (un brillante Giovanni Ribisi); el violento Keanu Reeves que azota a su esposa (la versátil Hilary Swank componiendo a una mujer calada por el miedo), y a la vez amenaza de muerte a la Blanchett y es finalmente acusado de asesinato; el novio aparentemente gentil e ingenuo (Greg Kinnear) y que más tarde jugará la del humillado ante la cadena de sucesos.
Todo es minuciosidad de estilo en Premonición . Y los datos, como diario de conducta de los personajes, se van capturando a medida de la desenvoltura del relato, de sus intensidades y del deambular de las criaturas inmersas en un caso que llama al misterio. Nadie cree, a nivel oficial, en las dotes del personaje de la Blanchett, pero ante la desaparición de la joven, habrá que recurrir a sus factibles dones. Así se hará. Y habrá evidencias, comprobaciones.
De allí, la narración se dispara marcando uno por uno a los personajes en juego y envolviéndolos en climas tan crudamente reales como oníricos u ominosos: si las apariencias suelen engañar, las realidades primarias siempre tendrán su correspondiente realidad última, viene a ser el discurso patrón del largometraje. Y aun cuando al susceptible country-boy que compone Keanu Reeves se lo ve culpable desde cualquier posición (mantenía un affaire con la jovencita desaparecida, quien estaba a punto de casarse con el profesor de buenos modos que caracteriza Greg Kinnear), los signos de interrogación persisten. Caso cerrado. ¿O tendrá que reabrirse el caso por esas hesitaciones que perturban la mente y los sueños de la Blanchett? *
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