La fiesta de Jaime Roos
El espectáculo contó con el soporte de su banda, integrada por Gustavo Montemuro (teclados), Walter «Nego» Haedo (percusión) y «la familia Ibarburu» (bajo, batería y guitarra eléctrica), además del aporte de su coro en el que se destacó –como siempre– Freddy Bessio.
A Roos se lo notaba contento. Asumió un inusual papel de «showman», cambió su habitual gesto adusto por una enorme sonrisa que duró toda la noche y lanzó una serie de chistes de actualidad.
Así, aprovechó la canción «Los Olímpicos» para recomendar a quienes tengan seres queridos en el exterior que utilicen todo tipo de medios de comunicación pero eviten las cartas.
Además, aprovechó para dedicar «Cometa de la farola» a los hinchas de Nacional. «Por dos razones: porque me divertí mucho con ustedes y porque les permitimos dar la vuelta ante su tradicional rival», explicó sonriente.
Y agregó con una sonrisa cómplice antes de terminar: «Ir al casino no está bien».
La sorpresa
Más de una cuadra de público entusiasta festejó cada suceso del show, especialmente la inesperada participación de Gastón Ciarlo, «Dino». «Lo voy a decir yo porque él no lo va a decir. Esta canción fue la primera en reunir a la milonga y el rock, allá por 1969″, comentó Roos como preámbulo para «Milonga de pelo largo», uno de los temas más festejados de la noche.
Este fue el segundo de los tres temas que Dino y Jaime cantaron a dúo, antes del emocionado abrazo, la reverencia y la cálida despedida del «maestro», como lo definió Roos.
Si bien el músico interpretó un buen número de canciones de su último disco, «Contraseña», la mayor parte del show estuvo marcado por los clásicos. «Cometa de la Farola», «Esta noche», «Los Olímpicos», «Los futuros murguistas», «Durazno y Convención», «Brindis por Pierrot» y «Colombina», entre otros temas, arrancaron saltos, gritos y aplausos de la multigeneracional platea callejera.
Durante casi dos horas el músico más popular del país se divirtió y divirtió a más de dos mil personas que «abandonaron sus casas para venir a vernos», como se encargó de agradecer en su despedida. Cuando la gente ya empezaba a pedir los bises, Roos levantó los brazos y advirtió: «Está bien. Vamos a hacer dos temas más. ¿Para qué bajar y volver a subir?»
Tocó tres, se animó a cantar un par de estrofas de «A hard day’s night», de los Beatles, saludó y se fue tirando besos. A Jaime Roos, le sienta bien tocar el día de su cumpleaños. *
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