El ocaso de un amor: de Graham Greene a Neil Jordan

Es el clásico largometraje refinado –al estilo de El paciente inglés–, que seduce al público estadounidense y habilita posibles postulaciones para el Oscar.

Las nominaciones a El ocaso de un amor, de Neil Jordan, ya han sido anunciadas en reconocimiento a la atractiva adaptación cinematográfica que el director de Entrevista con el vampiro logró sobre esta novela autobiográfica de Graham Green ambienteada en Inglaterra durante la Segunda Guerra Mundial.

En la misma, el promocionado autor se inspiró en un romance adúltero (el affaire del título original) con una mujer estadounidense de nombre Catherine Walston –a quien dedicó el texto–, dejando entrever su alter ego en el protagonista del acontecimiento narrado.

La habilidad de Jordan –que además adaptó la novela a guión cinematográfico–, es haber logrado poetizar el acontecimiento hasta niveles de cierto carácter místico que se amalgaman perfectamente en la historia narrada sin perder de vista un criterio de caligrafía fílmica cautivante.

No resulta fácil atrapar al público a través de una historia que, por momentos, se cuenta y retoma desde diversas perspectivas. Pero el cineasta narra y repasa sobre lo relatado para iluminar y enriquecer diversas secuencias, con el mérito de nunca repetirse ni aburrir.

Esta pequeña proeza ya sería atributo suficiente para tener en cuenta el filme comentado; pero la crónica resultaría incompleta si se omitiera una mención especial al cuidadoso trabajo actoral de Julianne Moore, una actriz tan superaliva como poco conocida por el público.

Moore –que ya fue nominada a un Oscar por Boogie nights, un excelente título estrenado en Uruguay sólo a través del video– logra una interpretación plena de misterio y seducción que resulta prácticamente el pulmón de la película llegando, incluso, a desplazar el posible protagonismo de Ralph Fiennes en el filme en cuestión.

Su fina estampa, el sutil calibre de voz y la sugerentes miradas que llenan la panatalla hacen de esta excelente artista un espectáculo aparte motivando una segunda nominación a la ambicionada estatua de Hollywood.

Sin embargo no todo sucumbe a la fascinación de la intérprete. Neil Jordan sostiene ese clima de romance, intriga y misterio en perfecto balance con los aportes actorales ya señalados.

Se nota –entonces–, ese pulso sensible que deja hacer, motiva y evita desbordes mientras la película fluye sin prisas ni pausas redondeando un título más que atendible que merecería el apoyo del público en el momento de seleccionar un título en la cartelera montevideana. Vale.

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