Mirando al sur
Pedro Guerra fue uno de los nombres más visibles de la movida de nuevos cantautores surgida en España a mediados de la década del noventa. Heredero por partes iguales de Serrat, Silvio Rodríguez y Caetano Veloso, Guerra, se dio a conocer desde las Islas Canarias, cuando Ana Belén interpretó un tema suyo, «Contamíname», que se convirtió en éxito.
Este año editó Ofrenda, su cuarto disco, con participaciones de la mexicana Julieta Venegas y los brasileños Lenine y Daniela Mercury.
–Da la sensación de que tu música mira más hacia América Latina que hacia Europa, ¿es así?
–Ciertamente que sí. No sé muy bien por qué, pero siempre me gustó más la música latinoamericana. Incluso más que la española. Conocía más de la música de América del Sur que de España y desde luego más que la de Europa y Estados Unidos. Siempre fui más oyente y degustador de música en castellano que de música en inglés. Creo que es por mi carácter de isleño, de las Islas Canarias. Canarias tiene una relación muy importante con América Latina desde siempre. Nuestro carácter, nuestra forma de ser e incluso nuestra forma de hablar es más cercana al Sur que a ninguna otra parte.
–El término cantautor, ¿te parece que te define, o es incompleto?
–Ahora mismo creo que es una definición incompleta. La de cantautor nunca fue una definición muy musical. Rock, pop, hasta ‘música romántica’ son definiciones musicales. En cambio cantautor es más sociológica y ideológica que musical. En el lado de lo ideológico me sigue pareciendo completa, porque creo que habla de un tipo de artistas con compromiso con la música y con la realidad, con el cual me identifico. El tema es cuando el cantautor comienza a darle en un momento dado una importancia muy grande a la música, empieza a ser no sólo alguien que escribe textos buenos, sino que tiene una preocupación musical.
Los cantautores más nuevos somos más músicos que los de otra generaciones. Entendemos la música como un todo, tenemos un manejo más amplio de la armonía e incluso se nota en la amplitud de la música que escuchamos y dentro de la que nos movemos.
Somos hijos de la democracia española. Vivimos una época en la que recibimos toda la información musical. Los cantautores de la década del setenta recibían, por la dictadura, una información mucho más sesgada. Nosotros vivimos una época de apertura, pero cuando se habla de cantautor, la gente sigue teniendo el esquema de los setenta.
Para mi la música ya no es sólo escribir una buena letra. Me siento más a gusto al definirme como músico.
–Tu disco anterior, Raíz, tendía más hacia lo acústico. En Ofrenda me da la idea que estás experimentando un poco con la electrónica…
–No es del todo cierto, porque este disco es tan acústico como Raíz. Sólo hay una parte más «electrónica» en el uso de loops de percusión y otros sonidos que están secuenciados, pero todo lo demás son instrumentos tocados. En esencia Ofrenda y Raíz son dos discos que están trabajados de forma muy similar.
–¿De donde viene la inspiración para trabajar con loops?
–Siempre quise hacerlo. A mí me gusta mucho la música que se arma con loops. Escucho mucha música en ese estilo, como Massive Attack o Portishead. Siempre quise coquetear con ese tipo de sonido. Sucede que luego me doy cuenta que es muy difícil.
Empiezo a trabajar con loops y hago cosas que siempre son similares a la música que hago usualmente. Es que no me veo haciendo trip hop; en realidad, porque aunque te guste y escuches muchas cosas distintas, tienes que sentir la música que haces. Yo escucho a Metallica, pero no me veo haciendo discos en ese estilo. A la hora de componer, me siento más cercano estéticamente a otras cosas.
–Leí que el disco Frontera de Jorge Drexler te había interesado mucho. Pero no fue ese disco lo que te llevó a experimentar con lo electrónico…
–En todo caso me interesa Drexler desde que lo conocí. Desde el principio Jorge y yo hemos tenido un nexo de unión muy importante, sobre todo porque tenemos unas influencias muy parecidas. Bebemos de fuentes muy similares, a los dos nos gusta mucho la música brasileña y creo que es ahora precisamente en estos dos últimos discos donde empieza a haber un camino que se separa. Yo sigo más del lado de la música étnica y él ha tendido más hacia la música electrónica. Aunque evidentemente los dos últimos discos de Drexler, Frontera y Sea, me han parecido muy buenos.
–¿El movimiento de cantautores jóvenes que surgió en España por 1995, y que fue todo un boom, sigue manteniendo su fuerza o ha decrecido?
–Digamos que nos seguimos manteniendo los que estábamos, pero no ha surgido gente nueva. O mejor dicho, si han surgido, pero no han grabado y por lo tanto no se han difundido. Sigue habiendo en España un movimiento muy grande de cantautores. Si vas a los bares donde yo empecé a cantar, puedes ver cantautores todas las noches. Lo que se rompió fue el fenómeno industrial. Las compañías multinacionales no parecen estar más interesadas en grabar y promocionar ese estilo. El movimiento que iniciamos en los años 94-95 Ismael Serrano, Rosana, Jorge Drexler (al que incluyo porque sus últimos siete u ocho años forman parte de la historia de la música de España), Javier Alvarez y yo, interesó a las compañías multinacionales. Nosotros seguimos grabando y mantenemos una estabilidad en nuestra carrera. Eso no quiere decir que no haya un recambio. Los estilos de música no desaparecen, lo que desaparece es el interés industrial, que se pone sobre una cosa u otra.
–¿Te genera contradicciones el hecho de estar en una multinacional, formar parte de alguna manera en la maquinaria industrial de la música?
–A veces sí, porque las multinacionales por su propia estructura y por su propia razón de ser intentan hacer las cosas de una manera que no es siempre como uno las haría. Digamos que hay un factor ideológico muy importante en como yo concibo mi trabajo, donde pienso que debe ser expuesto, donde yo no lo expondría, a qué tipos de público yo apunto, en qué medios de comunicación quiero estar y en cuáles no. Ahí puede haber un poco de lucha, que nunca llega a ser un enfrentamiento, pero hay que estar todo el tiempo ubicando las situaciones, que a cada rato se desubican. Pero a otro nivel lo veo tan simple como un trabajo. Si lo que hacés lo compra mucha gente, entrás dentro de los intereses de una multinacional, si lo compra muy poca gente, no.
–Por otro lado, si no estuvieras en una multinacional hoy, no estaríamos conversando aquí en Montevideo…
–Claro, desde que estoy en una multinacional he viajado mucho afuera. Hay compañías pequeñas que también envían a sus artistas fuera, pero los contactos son más difíciles. En cambio con una multinacional vas por cauces que ya están creados.
–Los viajes te sirven mucho de inspiración para componer, ¿no?
–Me inspira sobre todo la novedad y los viajes tienen ese significado para mí. Cuando yo llegué a Madrid me inspiré mucho en la ciudad.
El disco Tan Cerca de mí está muy inspirado en la ciudad y en lo que pasó conmigo cuando empiezo a vivir en Madrid. En este último disco está el reflejo de todo lo que pasó en mí cuando entré en contacto con la cultura mexicana, y también algún viaje que hice por la Patagonia. Soy muy observador. Generalmente llevo una libre
ta y voy anotando reflexiones que se me ocurren. A veces es sólo una simple impresión, pero es un caldo de cultivo de muchas canciones. *
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