Comienza rodaje de "El último tren"
El clima impresionaba de fiesta –con el condimento de un intenso asedio periodístico– y no era para menos. La mencionada conferencia de prensa también resultaba el punto de partida para el rodaje de la película en cuestión, una coproducción argentino – española – uruguaya con un costo superior al millón de dólares. En dicho encuentro también estaban las respectivos intendentes de Montevideo y Tacuarembó –departamentos donde va a transcurrir la historia de este largometraje–, además de otros actores españoles, uruguayos y empresarios vinculados a la producción.
La narración, precisamente, relata el secuestro de una locomotora por parte de unos veteranos integrantes de la Asociación de Amigos del Riel, con el propósito de evitar que dicha máquina sea llevada a Hollywood para filmarse una película ambientada en el Siglo XIX; una idea que llevó sus buenos años para plasmar en el guión definitivo.
Patrimonios y rebeldías
Por cierto que resulta innegable advertir el trasfondo emblemático que posee la anécdota; una rebeldía que habla de patrimonios culturales e identidad nacional, entre otras cosas. No resulta sorpresivo que, al ser consultados sobre su decisión de participar en el largometraje, todos los actores manifestaran una particular atracción por la propia historia que se pretende contar. Héctor Alterio, por su parte, también agregó el deseo de rodar en el Río de la Plata –ya que actualmente se encuentra radicado en España– y la intención de generar cierta continuidad en la producción audiovisual de estas latitudes.
Similar opinión manejó Luppi, quien manifestó, además, la enorme posibilidad económica que emerge de este tipo de coproducciones en relación con un multitudinario potencial de espectadores en el viejo mundo. Gastón Pauls, mientras tanto, marcó tres razones para participar en el rodaje: una de las mismas tiene que ver con «el prestigioso elenco que reúne la película», además de querer trabajar en Uruguay, «un país que se la banca», según sus propias palabras. En tercer lugar, terminó reiterando el grado de fascinación que surgió de la historia y el convencimiento que manifestó Diego Arsuaga al hablar del filme en una reunión previa.
El venerable Pepe Soriano también agregó su cuota con palabras de elogio y confianza para con una producción en la que deposita expectativas de alto vuelo. Esta esperanza se patentizaba, además, en el breve discurso de Arsuaga –cineasta responsable de Otario, filme nacional que obtuviera en su momento el Premio Coral a la Mejor Opera Prima en el Festival de La Habana–, al reseñar el arduo trabajo que demandó el acabado guionístico de El último tren y manifestar el humilde deseo de que el tiempo los acompañara en las siete semanas de rodaje con un 75% de filmación en exteriores.
Una ventana al mundo
Las autoridades departamentales también marcaron una notoria coincidencia en la potencialidad de la producción audiovisual autóctona como una suerte de ventana al mundo. Tanto Arana como Da Rosa fueron muy claros al manifestar su total apoyo –dentro del restringido marco de sus posibilidades económicas– a la producción, mientras disfrutaban compartir la mesa de conferencia con estos auténticos referentes del cine rioplatense e iberoamericano y se sumaban al deseo unánime de éxito total en la empresa. Un esfuerzo que nuclea capitales de la Madre Patria, de ambas márgenes del río y un alto porcentaje de actores uruguayos entre los que se destacan Eduardo Migliónico, Elisa Contreras, Jenny Goldstein, Júver Salcedo, Hugo Blandamuro, Franklin Rodríguez y Ricardo Couto, entre otros.
Como dato curioso cabe subrayar la presencia de un actor infantil no profesional, Balaram Dinarth, nativo de Tacuarembó, que también ocupa un rol protagónico en la propuesta cinematográfica. En resumen, un desafío importante que se suma a una incipiente (y exitosa) «industria» cinematográfica uruguaya.
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