El talentoso Mr. Ripley: ambiciones que matan
G. I.
No es la primera vez que la industria cinematográfica se interna en el retorcido universo literario de Patricia Highsmith, con desiguales resultados. Ya anteriormente René Clement había adaptado el mismo texto (A pleno sol), con una Alain Delon mucho más frío y calculador que el Ripley interpretado por Matt Dammon.
Es que para los lectores incondicionales de Highsmith probablemente nunca podrá existir una aproximación válida al diabólico personaje recreado por la autora de Crímenes bestiales, escritora que llegó a renegar de una adaptación realizada por Hitchcock (Pacto siniestro) a la vez que descalificaba la elección de Dennis Hopper (también interpretando a Ripley) en El amigo americano de Wenders.
Una de las causas de esta posible decepción es el pudor con que la cinematografía se ha empeñado en retratar la salvaje impunidad del personaje novelesco, un «american psyco» nunca descubierto ni enjuiciado que gozó de buena salud, dinero y respetabilidad (a pesar de sus asesinatos), en una atípica saga perpetrada a lo largo de tres o cuatro novelas.
Lo terrible –y curioso– del caso es que Highsmith lograba colocar al lector en complicidad con el asesino y seguir su huidizo periplo a lo largo de la escritura en una especie de ritual que desataba demonios interiores. El cine, sin embargo, se ha quedado en el umbral de estos textos inquietantes y ha preferido marcar límites que hacen a la consabida fórmula de crimen y castigo.
Incluso en esta versión de Anthony Minghella, en la que el desenlace presenta una ambigua resolución que deja al personaje envuelto en la propia telaraña de sus siniestras mentiras.
A modo de brevísima sinopsis cabe señalar que novela y filme narran la historia de Tom Ripley (Mat Dammon), un ambicioso individuo que se relaciona con cierta ociosa clase alta norteamericana en plenas vacaciones europeas y decide suplantar al rico heredero (Jude Law) –luego de eliminarlo, claro está–, falsificando su firma y utilizando su pasaporte. Esta jugarreta homicida tendrá sus posteriores complicaciones con una novia que sospecha la verdad (Gwyneth Paltrow); algún amigo entrometido (Philip Seymour Hoffman) y otra ricachona (Cate Blanchett) que complica las cosas desde un primer momento.
El problema que, aparentemente, el director de El paciente inglés no logra resolver, es otorgarle un perfil definitivo a este exitoso y perverso villano de la serie negra. Entre dubitativo, tímido, temeroso y cargado de culpa, el carácter que Matt Damon asigna a su personaje no condice con el cálculo glacial del asesino en serie literario.
Esas mismas vacilaciones terminan empañando un filme que, a pesar de la bella geografía itálica que inunda la pantalla, se estira (y enreda) más allá de lo deseable en una largueza horaria que parece ser el denominador común de muchos filmes con nominaciones al Oscar. Algo queda, sin embargo, de esa extraña incomodidad que supone desconocer al (supuesto) inofensivo vecino que tenemos al lado, aunque sea una pizca del miedo que relamente produce la propia lectura de Highsmith.
El talentoso Mr. Ripley. Guión y Dirección de Anthony Minghella sobre texto de Patricia Highsmith. Fotografía: John Seale. Con Matt Dammon, Gwynew Paltrow, Jude Law y Cate Blanchett.
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