El pop ligero de Sugar Ray
Las adolescentes en particular van a golpearse permanentemente los oídos con esta reaparición discográfica de los Sugar Ray. Cultores de un pop incisivo en sus ya lejanos comienzos que los situó en la zona alternativa que propone papá MTV, la banda se preocupó esencialmente por masificar una sonoridad si se quiere elegantona, machacante y sobre todo veteada de ese look pop-coolcura que les encanta no solamente a los teens, sino a las emisoras d»e frecuencia modulada. Han tenido aciertos que los colocaron en el podio de una popularidad hecha a medida de su sensibilidad creadora: el touch funkie le otorgaba, signo de los tiempos, una suerte de modernidad que se evaporaba en los tres o cuatro minutos de una canción.
No se trata de si los Sugar Ray son descartables o no, más bien de situarlos en un grado de real ejecutividad y solvencia en la construcción de sus planes cancionísticos. Buen manejo de los ritmos, de la imagen en los video-clips, de fijar el knock-out con temas pegadizos como por ejemplo su megahit «Every morning». Ahora llegan con Sugar Ray, el disco, y después de los fogonazos pop altamente difundidos de sus predecesores (Lemonade & Brownies era un puntapié más que promisorio, recuérdese) y la modalidad no ha cambiado.
Su cantante Mark McGrath posee un registro atrayente y sabe manejar los matices, lo cual es todo un mérito. Y el grupo de canciones atraviesa diversas superficies estilísticas con un aire de no me importa, pero lo hago igual. Por momentos aciertan; la mayoría de las veces resbalan en los clisés de la cultura que los parió. Pero van a estar enseguida en el top ten, sí señor. *
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