Jaque mate a la pasión
Sin embargo, a diferencia de ese deporte eminentemente racional, matemático y reservado a un restringido círculo, vivir es también emocionarse y asumir compromisos sin reparar naturalmente en las consecuencias.
Alexander y Natalia, el nuevo filme de la talentosa cineasta holandesa Marleen Gorris, traza un dramático paralelismo entre el ajedrez y la peripecia humana.
Inspirándose en la novela «La defensa Luzhin», del narrador Vladimir Nabokov (autor de «Lolita»), la realizadora construye una historia romántica de acento trágico.
Ensayando una escritura visual de tonos sugerentes, Gorris explora intensamente el alma atormentada de un maestro de ajedrez ruso, Alexander Luzhin, que se enamora perdidamente de una aristócrata compatriota, a quien conoce durante la celebración de un campeonato mundial en Italia.
Recurriendo a abundantes «flash backs», Gorris construye su relato en dos escenarios temporales y espaciales simultáneos, que recrean la tormentosa infancia de Alexander.
Las imágenes recorren el periplo de dolor del protagonista, que fue un niño solo y reprimido, expuesto a los conflictos de sus mayores: un padre estricto e infiel, una madre evasiva y suicida y una atractiva tía a la que ama.
La narración transcurre entre la casa natal y el lujoso hotel donde se dirimirá la partida de ajedrez para satisfacer el instinto circense de una aristocracia ya decadente, pero igualmente soberbia y pacata.
El propio romance entre el maestro –informal, excéntrico y desaliñado– y la virginal e impoluta joven, enfrenta un supremo desafío: la oposición de una sociedad visceralmente clasista y segregacionista.
Narrada con maestría, la historia evoluciona hacia el drama, cuando ingresa en escena un antiguo tutor del ajedrecista, que está empeñado en destruir a su ex pupilo para favorecer a su oponente.
Marleen Gorris, autora de la recordada y sin dudas admirable Memorias de Antonia, ratifica su indudable talento y su sólido oficio para narrar historias, sin apelar a los efectismos ni a los golpes bajos tan habituales en el gastronómico cine comercial.
Rodando junto a su equipo en paradisíacas locaciones de Italia y Hungría, la realizadora construye un universo visual de trazos casi oníricos.
Si bien el relato está ambientado a fines de la década del veinte, el contexto histórico no parece ser demasiado relevante. Sin embargo, la cineasta se las ingenia igualmente para denunciar la hipocresía de una sociedad de valores ambivalentes y doble discurso, que puede demostrar –simultáneamente– admiración y desprecio.
Alexander y Natalia tiene, sin dudas, la intransferible impronta del cine europeo, que recurre a un lenguaje despojado de estereotipos, privilegiando lo sustancial sobre lo meramente formal.
En ese contexto, Marleen Gorris imprime a su obra un pulso narrativo cargado de intensa emotividad, que recrea toda la tragedia de seres que buscan obsesivamente la felicidad.
Como si estuviera sentada frente a un tablero de ajedrez, la realizadora mueve las piezas –que son naturalmente sus personajes– con la destreza de una consumada jugadora.
Por más que el filme enfatice en la exploración de psicologías individuales, micromundos y universos humanos, no descuida los rubros formales: una cuidada reconstrucción de época que recrea el esplendor de una sociedad de los hábitos y etologías de una aristocracia ya decadente y una fotografía de exteriores que subyuga los sentidos.
La sugerente música y los vestuarios de época coadyuvan, asimismo, a una formulación estética que apunta a satisfacer el paladar del espectador que busca en el cine algo más que un mero pasatiempo.
En un reparto muy competente, sobresale particularmente la interpretación de John Turturro (Barton Fink y El gran Lewobski, entre otras), que encarna al atormentado ajedrecista. No le va en zaga Emily Watson, una actriz que posee una sensibilidad muy particular.
Alexander y Natalia es un filme infrecuente –poético y a la vez dramático– escrito con caligrafía emotiva y lenguaje intimista, que sugiere reflexionar en torno al estigma de la soledad, el desamparo, los miedos, el amor, la pasión e incluso hasta la represión.
En una cartelera cinematográfica virtualmente anegada como es habitual por productos de mero consumo masivo despojados de mensaje, este filme comporta una experiencia nada habitual.
Sin dudas, merece verse. *
Alexander y Natalia. Gran Bretaña, Francia, Italia, Hungría y Estados Unidos 2000. Dirección: Marleen Gorris. Guión: Peter Berry. Fotografía: Bernard Lutic. Música: Alexandre Desplat. Reparto: John Turturro, Emily Watson, Geraldine James, Stuart Wilson y Christopher Thompson.
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