La temporada en su mejor momento
El Cabildo de Montevideo retoma el ciclo de exposiciones históricas conducido por el licenciado Oribe Cures y un equipo de eficaces colaboradores en diversificados rubros. Todavía se puede ver, en la planta alta, la brillante propuesta A través de un siglo, espacios públicos e interiores del Montevideo del 900. La que se inauguró el 8 de octubre lleva el título Entre la guerra y la paz…, 150 años sin vencidos ni vencedores y tiene similares características. Con sentido de la oportunidad, aunque sin sospechar los inesperados acontecimientos internacionales, la muestra memora y transita por el período de la Guerra Grande (1839 1851) en su doble vertiente de lucha fratricida y remansos de la vida cotidiana. Con excelencias de montaje a cargo de Enrique Badaró al crear una atmósfera de talante surreal con los objetos suspendidos en el aire, el itinerario parte de una hermosa escultura de Octavio Podestá y pequeñas fotografías de sucesos y protagonistas epocales para internarse en las dos sucesivas salas en la oposición (y cercanía) de los retratos de Rivera y Oribe, las instancias de guerra y paz. Así, se distribuyen con acierto planos de Montevideo y del campo sitiador, armamentos, divisas, espuelas, estribos y una iconografía impar a cargo de los artistas viajeros: las frescas y poéticas litografías de Adolphe D´Hastrel, con su admirable Cantor de tristes y yaravís, refinada y poética composición, surcada de pequeños y deliciosos detalles, espléndidamente conservada, entre otros disfrutables grabados de su autoría, un poco conocido autorretrato de Juan Manuel Besnes e Irigoyen, afincado en Uruguay y descubridor del talento de Blanes, obras de Darondeau, Durand Brayer, varias de Mauricio Rugendas (con expresivos dibujos) y oficiantes anónimos que recrean el pasado en imágenes históricas. Documentos de diversa procedencia (cartas, partes de guerra, periódicos) completan el panorama.
En el sector La Paz, sin estar delimitado ya que alterna con el de La guerra, dos caras de una misma realidad, se despliegan grabados, mobiliarios y documentos alusivos que, en su conjunto, constituyen un enriquecedor panorama visual. Se prepara un catálogo importante que dará cuenta de la exposición.
Mario D´Angelo
Este creador fundamental del arte uruguayo actual, quizá la personalidad más audaz y fermental, propone Ausencias y presencias V (la IV fue hace pocos meses en los jardines de la Facultad de Odontología), un ciclo sobre la revisión del pasado y su proyección en el presente. Con una sencillez y claridad meridiana en las ideas, la realización, llevada a un minimalismo estético, se impone al receptor por la inmediatez del impacto visual. Su investigación está fundada en el cuadro de Blanes El Juramento de los Treinta y Tres Orientales, esa enorme tela que teatraliza la hazaña histórica y el uso, deformación y banalización de su contenido por la dictadura militar y los productos comerciales. En una oposición y enfrentamiento, sitúa sobre un montículo de arena procedente de la mismísima playa de la Agraciada (el día de inauguración repartió bolsitas conteniendo esa arena) treinta y tres botellas de la popular caña De los 33, producida por Ancap, iluminadas por tubos fluorescentes de color rojo y azul, que junto con las blancas paredes, son característicos de la arrebatada bandera. En la otra sala, un enorme marco dorado recibe un pequeñísimo sello postal emitido en el Año de la Orientalidad. Esa desproporción de tamaño entre el original y la reproducción, esa sustitución de los protagonistas por las botellas, es una deliciosa ironía sobre las interpretaciones de un mismo hecho histórico, la perversa manipulación ideológica, disminuidora del valor de que fue objeto. No importa la veracidad del número de integrantes del hecho histórico ni el valor (mediocre) del cuadro de Blanes, otras derivaciones posibles para una interpretación. Lo que le interesa a Mario D´Angelo es el acto reflexivo a la distancia, la vulnerabilidad de todas las historias oficiales y la posibilidad de un juicio propio, más cercano a los hombres que a las elaboradas entelequias.
Para el rotundo logro de su instalación en la Sala Menor del Centro Municipal de Exposiciones (Plaza Fabini), Mario D´Angelo se multiplicó como curador de sí mismo, iluminador y diseñador del montaje, demostrando que su capacidad creadora no se detiene en lo fundamental sino que atiende al contexto exhibidor, como ya es habitual en su brillante trayectoria.
Federico Arnaud
De repente, Federico Arnaud (salteño del 70, con una estimable trayectoria que incluye tres unipersonales) descubre el estado de gracia, la contagiante alegría de la creación, la instauración poética a través del soporte. Luego de insistir en propuestas de referente autobiográficos, cargadas de plúmbea materialidad que rara vez se desprendía de su obsesiva narrativa (con ocasionales ráfagas de humor), Arnaud acomete en Modus vivendi, en Galería del Paseo, una manera diferente de estar en el mundo. Sin haber sacudido totalmente el lastre ritualístico artificial de la etapa anterior, consigue surcar un camino pautado por los mismos materiales (cemento, madera usada, objetos encontrados) pero aligerados en su condición matérica por un tratamiento más luminoso, un despojamiento formal y referencial, una decidida poetización de la obra. Muy bien presentado, el conjunto trasunta una contagiante seducción, apunta hacia una claridad de horizontes existenciales que, compartibles o no, según la sensibilidad del espectador, resultan altamente estimulantes.
Si se agregan los soberbios grabados de Otto Dix en el Museo Nacional de Artes Visuales, las pinturas de Linda Kohen en el espacio Cultural MEC, el homenaje a Hilda López en el Molino de Pérez y la muestra de Abel Rezzano en el Instituto Goethe, la atractiva Danza de Espíritus sobre el origen de las religiones afro en Uruguay, en el Museo de Antropología, además de las atendibles fotografías de Martín Atme en Cinemateca Pocitos y el buen nivel pictórico de Gabriel Bruzzone, cuyos comentarios quedarán para más adelante, hay que concluir que pocas veces la temporada actual ofreció un panorama tan variado como calificado. De esta manera, un vía crucis puede convertirse en un campo de asfódelos.
Inauguraciones de la semana
El martes, a las 19.00, en el Museo de Arte Contemporáneo, Amalia Nieto, con serenos y lúcidos 94 años, inaugura una antología de su pintura. El viernes, tres novedades. Una retrospectiva de Jorge Soto en la galería Lezian Keplost de Isla de Flores 1931, que mantiene una interesante actividad desde hace meses por el dinámico Osvaldo Cibils, un recuerdo para Anonio Lista, fallecido hace poco, tendrá lugar en la Sala Carlos F. Sáez y, el mismo día, en el Comcar y durante cuatro días, se realizará la II Exposición y Ventas de Artesanías hechas por los reclusos de los establecimientos carcelarios. Todavía, si queda tiempo y aliento, en el centro Cultural Florencio Sánchez el Departamento de Cultura de la IMM abre, a las 20.00, una misteriosa muestra que lleva el nombre Nadie vio nada. El jueves, en el Espacio Cultural Rafael Barradas, dentro del predio del Museo Blanes, pero alejado del frustrante jardín japonés (una agresión al equilibrio del lugar que ya ocasionó algún accidente), se presentará, a las 19.30, un libro sobre Dumas Oroño, artista múltiple, escrito por varios autores. *
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