Un peón de la conducción
Según cuenta, su nariz fue tema de debate de los empresarios televisivos, pero contó con la ventaja del camino abierto por Omar Gutiérrez. Su carrera periodística comenzó en la prensa escrita, en el área cultural. Tras pasar por el informativo de la mañana de Canal 4, Sotelo siguió en la TV acompañando a María Inés Obaldía en Caleidoscopio, cosa que sigue haciendo. También ha descubierto una vocación docente, dando clases de periodismo televisivo en la ORT. Pero, principalmente es la figura central de Debate Abierto, un inusual programa –para los estándares uruguayos– que ha generado no pocas polémicas. «Que el uruguayo reaccione con prejuicio es natural –dice Sotelo– porque somos un pueblo con muchas cosas a favor, pero con una dimensión general provinciana. No siempre fuimos así, a medida que el mundo nos iba dejando atrás nos fuimos refugiando en nuestro provincianismo como un rasgo de identidad. Nos sentimos más cómodos en un mundo que sentimos seguro y que no incluye un programa como Debate abierto.
–¿Por qué dejaste el periodismo escrito?
–Durante cerca de quince años viví del periodismo escrito y me gustaba mucho. Pero también tenía su contracara, una insatisfacción permanente por el resultado de lo que escribía, los rigores del cierre que imponen una presión sobre el trabajo. El trabajar en un diario me significaba una responsabilidad muy grande, por la repercusión que podía tener.
–Pero ahora hacés televisión que tiene mucho más repercusión…
–Sí, pero tiene la ventaja de la fugacidad. Si vos te mandás una macana al aire, probablemente tenga una repercusión mayor que en otro medio, pero pasa rápido. Las letra escrita es un documento que a veces, más vale que nadie desentierre. Aunque el periodista no piense en eso cuando escribe.
–¿Cómo llegaste a la televisión?
–Por un camino que pensé llevaba a otro lado. Fui a una reunión para presentar un proyecto para un programa de radio y ahí me ofrecieron participar en el informativo de Muy Buenos Días. Eso fue en 1993.
–¿Qué fue lo que te atrajo en un principio?
–Lo primero fue una mejor remuneración, eso fue un dato decisivo. Por otro lado, encontré un espacio de trabajo profesional bastante interesante con un margen de libertad que me resultaba sorprendente. Fue una experiencia muy buena desde el punto de vista periodístico. Encontré también que lo que hacía, más o menos funcionaba al aire, cosa que también me sorprendió. Cuando comencé en el periodismo sabía que quería escribir y hacer radio, pero nunca me había imaginado en la televisión. Se fue convirtiendo en mi trabajo y absorbiendo todo mi tiempo. Tuve la suerte de llegar en un momento en el que se iban abriendo las posibilidades.
–Antes que nada te sentís periodista
–Sí, un periodista que ejerce de una manera un poco parcial su profesión. Me gustaría volver a cumplir con alguna de las funciones típicas de ese trabajo. El asumir otras tareas en la televisión fue un desafío muy grande. Recién ahora comienzo a sentirme cómodo trabajando con la cámara. Hay personas que se ríen cuando digo que soy muy tímido, pero es la verdad.
–En Debate Abierto sin embargo tenés mucha exposición, en ese sentido a mucha gente le puede extrañar que digas que sos tímido.
–Hay momentos que disfruto mucho lo que estoy haciendo al aire. Pero hay otros –que son los más– que me planteo cómo diablos llegué yo a este lugar. Hay gente que es vocacional de la televisión. No es mi caso en absoluto; yo me sentaba siempre en la última fila. No es que nadie me haya obligado a estar donde estoy, pero a veces me cuestiono si soy la persona indicada para estar en ese lugar. Pero como el programa tiene que ir al aire y no se puede decir «hoy no vamos a salir porque Sotelo está reflexionando sobre su naturaleza», no sólo vas aprendiendo los trucos del oficio, sino que encontrás ámbitos para disfrutar de lo que estás haciendo.
–Los temas que se van planteando lunes a lunes, ¿son tu responsabilidad?
–No, no participo en lo absoluto en la elección ni en la formulación de los temas. Como cualquier televidente tengo la facultad de plantear inquietudes. Seguramente tengo más posibilidades de que escuchen mis sugerencias. Me defino un poco jocosamente como un peón de la conducción. Claro que cuando la luz se prende, cuando me hacen señas de que estamos al aire, ahí no existe nadie más que yo. De lo que pasa al aire me hago responsable, tanto de los errores como de los aciertos.
–La tónica del programa puede verse como bastante superflua o pasatista, ¿cómo la ves vos?
–Yo también tengo mis propios prejuicios a ese respecto. Pero Debate Abierto ha significado un aprendizaje, no sólo del oficio de conducir ese tipo de programas, sino en cuanto a que en realidad no hay temas menores sino gente capaz de debatir inteligentemente de cualquier tema. Hemos descubierto que a veces el tema más insignificante o más bizarro, genera que aparezcan puntas interesantes. La gente con cierta capacidad de reflexionar te puede hacer un universo de un vaso agua. Hay también temas que para mí son superficiales, pero para otra gente se trata de problemas mayores.
Pongo un ejemplo: cada vez que tratamos el tema de la relación de la gente con sus mascotas, tenemos una repercusión que no logramos con la mayoría de los otros temas. Yo nunca hubiera sospechado que ese tema generara esas reacciones. Hay también un problema, y es que la agenda del periodismo uruguayo es extremadamente pobre. En términos generales el periodismo nacional es tan previsible que te podría adelantar los titulares de mañana de todos los diarios.
–Podría decirse que Debate Abierto es un Talk Show a la uruguaya, ya que esas propuestas plantean cosas bastante más radicales que tu programa…
–Sí, pero eso se da porque los uruguayos somos distintos, a los cubanos exiliados de Miami por ejemplo. Ni mejores ni peores, pero sí distintos.
–¿Qué te parece que le falta a la televisión uruguaya?
–Probablemente le falta lo mismo que al resto del país. Aceptar que vivimos en un tiempo de cambios permanentes, a veces difíciles de planificar, que no decidimos nosotros. Hay que aceptar el cambio y el riesgo como un dato de la realidad. Venimos de un mundo bastante previsible que transcurría a un ritmo que nosotros mismos regulábamos y eso estalló en mil pedazos.
Volviendo la televisión, peor le ha ido a otras áreas de la producción nacional que han desaparecido por completo. La televisión se está readecuando a los tiempos que corren con sus virtudes y defectos.
El hecho de que todo el tiempo, gracias al cable, la gente la compare con estándares de calidad de países que tienen décadas de producción televisiva intensa, significa que hay que esforzarse por hacer las cosas mejor y por compararse uno mismo con esas producciones. Eso no es fácil para nadie.
Es un momento muy amenazante, muy difícil y la televisión no es una excepción. *
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