Miércoles de jazz con un agradable trío
Muchas de las grandes orquestas de jazz de los años 30 formaron combos con un reducido número de sus instrumentistas, con el fin de dar cierta variedad a sus diarias ejecuciones en salones de baile, conciertos y actuaciones radiales. Suele mencionarse a Benny Goodman como el creador de los «tríos de jazz» que después se popularizaron por todo el mundo, pero se olvida que, por ejemplo, Jelly Roll Morton ya había grabado tríos de piano-clarinete-batería en 1927 y 1929.
En realidad, lo que logró Goodman a partir de sus discos de 1935 fue un éxito resonante con su trío, que además del director en clarinete llevó a la fama al pianista Teddy Wilson y al baterista Gene Krupa.
Desde entonces estos combos han tenido bastante buena fortuna. Algunos de ellos, como los de Nat King Cole, Erroll Garner y Oscar Peterson, han causado interés también en mucho público no aficionado al jazz. Un trío tiene además ventajas económicas: ofrece buenas posibilidades de obtener trabajo y puede ubicarse cómodamente tanto en una sala de conciertos, como en el escenario de un festival al aire libre o en cualquier local de reducidas dimensiones.
Todas estas consideraciones me vinieron a la cabeza cuando el pasado miércoles asistí para escuchar al grupo del baterista Jorge Rodríguez. Junto con su hermano, el contrabajista Gabriel Rodríguez y el pianista Daniel Goldsztein, los tres están todos los miércoles a partir de las 20.00 horas, en dos vueltas de 40 minutos (terminan poco antes de las diez de la noche), creando buena música para los consumidores en el agradable bar del NHColumbia, al que se ingresa por la Rambla Gran Bretaña entre Misiones y Treinta y Tres.
Con un variado repertorio que incluye piezas populares y temas jazzísticos, el trío se balancea con un swing estimulante y demuestra estar bien integrado. Ninguno es la «estrella» que quiere destacarse por encima de los otros dos. La sonoridad que obtienen está adecuadamente equilibrada y los tres instrumentos acústicos se hacen oír con buen gusto, nitidez y clara diferencia de planos. El punteo del contrabajo de Gabriel Rodríguez provee un firme apoyo armónico y rítmico, la batería de su hermano Jorge juega con sutiles contrastes y un excitante «timing» y, llevando la mejor parte en el terreno solista, el piano de Golsdsztein improvisa con fluidez, dinamismo y una inventiva que demuestran la atención que este músico le presta a los grandes maestros del teclado.
También se ofrecen tapas y vino para consumir. No deja de ser un buen complemento. *
Compartí tu opinión con toda la comunidad