Brillo de Luna: la seducción erótica en un filme de intenso vuelo poético
La primera advertencia entonces–, supone subrayar que el cineasta Bakthiar Khudojnazarov se despega de realidades puntuales para transitar un vuelo mágico que recuerda tanto a Kusturica como a Fellini.
Una segunda advertencia tendría que derivar en la breve paráfrasis del argumento, una anécdota que no presenta relieves politizados, sino que se deja llevar por una narración en la que se cuenta la odisea de una joven –seducida en noche de luna llena– que busca al padre de su hijo en medio de un agitado viaje.
La singularidad de esta coproducción (que nucleó intereses alemanes, austríacos, rusos, suizos y franceses, entre otros) quizás responda principalmente — como decíamos– a un folclorismo exótico para estas latitudes. A modo de ejemplo baste señalar que el periplo de la muchacha embarazada parte de Samarkanda y recorre un territorio onírico donde las vacas vuelan y el viento aparece como sujeto cómplice de la seducción al mejor estilo del Romancero Gitano.
Obviamente, la referencia modélica de Kusturica resulta innegable y, aunque la voluntad original pueda interpretarse como especial homenaje para el director de Underground, las imágenes –en algunas oportunidades– parecen perder su calidad de cita para transformarse en calco moderado. De todos modos, la apuesta tiene sus logros y corrobora el entusiasmo que producciones anteriores (como Bratan y especialmente el filme Kosh ba kosh que obtuviera el León de Plata en el Festival de Venecia de 1991), produjeran con respecto a un cineasta tan alejado de la industria cinematográfica convencional.
También cabe señalar que, a pesar de las distancias remotas y el «realismo maravilloso» que campea en buena parte del largometraje, hay situaciones y personajes que adquieren valor universal. Podría calificarse como una suerte vigencia atemporal sobre reflejos condicionados por esas tradiciones ancestrales que se parecen bastante a las mismas actitudes que practican los chismosos del barrio a la vuelta de la esquina. Como si nada resultara demasiado distante y ni siquiera esta magia transfigurada del cine pudiera disimular la esencia misma del ser humano enfrentado a sus pasiones y deseos. De paso, las reflexiones antológicas del bebé en el vientre de su madre y los juegos de cámara que practica Khudojnazarov resultan otros interesantes atractivos a tener en cuenta. En resumen y aunque las comparaciones resulten odiosas, vale la pena emprender el vuelo en esta alfombra mágica. *
Brillo de luna. Dirigida por Bakhtiar Khudojnazarov. Guión: Irakli Kwiirikadze. Fotografía: Martin Geschlacht. Con Chulpan Khamatova, Moritz Bleibtreu y Ato Mukhamedshanov.
Compartí tu opinión con toda la comunidad