V.S. Naipaul está horrorizado por la pobreza cultural
V. S. Naipaul se considera a sí mismo como un escritor cosmopolita y sin raíces a quien le horroriza la pobreza cultural de su país, la isla antillana de Trinidad, pero que no se siente cómodo ni en la patria de sus mayores, India, ni en la propia de adopción, Inglaterra.
Naipaul ambientó sus primeros libros en Trinidad (el primero que le dio la fama fue «Una casa para Mr. Biswas» donde trazaba un retrato de su padre), pero después viajó a lo largo y a lo ancho de todo el mundo para mitigar su desarraigo.
El escritor, que visitó varias veces India, se considera «un extranjero» en este país, y en Inglaterra no logra relacionarse o identificarse con los valores tradicionales de la nación.
Con los años se ha ido volviendo cada vez más conservador y ha aprendido a no disimular ni a ablandar sus ideas o posiciones sociales o políticas.
Causó sensación su definición de un célebre novelista como E. M. Forster (Pasaje a la India) y del no menos famoso economista John Maynard Keynes, como dos homosexuales «que sodomizaban uno a los jovencitos pobres que frecuentaba en India y el otro a sus estudiantes de Cambridge».
Este juicio, unido al de Joyce («escritor incomprensible porque no sentía ningún interés por el mundo exterior»), aparecieron en una entrevista concedida el mes pasado a la revista Literary Review.
Naipaul se declaró asqueado de «Pasaje a la India» y afirmó: «Forster no entendió nada de la India.
Fue una vez sola, en 1921, y allí frecuentó sólo a los ingleses, a la clase media india y a los jóvenes jardineros locales con los que hacía lo que quería. Pero al pueblo nunca se acercó».
Pero más escándalo causó una entrevista a la revista norteamericana New Yorker en mayo pasado donde confesó su pasión por las prostitutas.
Allí, entre otras amenidades, declaró: «Con la vejez, las mujeres han ido bajando en mi estima… No me excitan más», aunque reconoció que cuando era joven las amaba mucho «sobre todo por sus voces y por la calidad de la piel».
Y afirmó en esa ocasión que «no veía nada malo en la infidelidad» y que «el matrimonio no excluye otras experiencias.
Para mí, el aprendizaje de la seducción y de la satisfacción sexual fue tan importante como el aprendizaje literario». *
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