Teatro Uno celebra sus prolíficos cuarenta años al servicio del arte
Esta noche a la hora 21.30, se realizará un recital inaugural con la puesta en escena de Van Gogh, el suicidado de la sociedad, sobre textos de Antonin Artaud.
El jueves 18 a la misma hora podrá verse La virgen loca y el esposo infernal de Arturo Rimbaud. El jueves 25 será el turno de Mi corazón al desnudo de Charles Baudelaire. El jueves 1º de noviembre se pondrá en escena El Momo y para terminar con el juicio de Dios de Antonin Artaud. El jueves 8 estará en escena La otra mujer, un trabajo de Alberto Restuccia sobre la voz humana.
El viernes 9, día en que se conmemora el segundo año del fallecimiento de Luis Cerminara) se pondrá en escena El perseguidor, de Julio Cortázar sobre Charlie Parker con la participación del Hot Club de Jazz.
Finalmente, el domingo 11 a partir de las 21.30 horas se realizará una maratón de artistas, una performance de danza a cargo de Graciela Figueroa, un festival de videos de Teatro Uno, una exposición gráfica, un homenaje interactivo con Alberto Restuccia y una fiesta de despedida.
Esta celebración, cuyos espectáculos serán todos con acceso gratuito, está auspiciada por la Asociación General de Autores del Uruguay, la Sociedad Uruguaya de Actores, la Embajada de Francia en Uruguay, la Asociación de Productores Teatrales Profesionales y la Asociación de Críticos Teatrales del Uruguay.
Teatro Uno fue fundado hace cuarenta años por Alberto Restuccia, Graciela Figueroa, Luis Cerminara y Jorge Freccero. Esta institución que forma parte de lo mejor de la historia del teatro nacional, en realidad tiene dos fechas de fundación: la primera en 1961 en un encuentro en el ex Nuevo Teatro Circular (Convención casi 18 de Julio) de Alberto Restuccia que realizaba allí su primer espectáculo, con Luis Cerminara que estaba afincado en esa sala junto a Alfredo de la Peña, tras la disolución del Teatro Universitario. Allí, Cerminara y Restuccia comenzaron su trabajo conjunto de investigación, búsqueda teórica y experimental con talleres y laboratorios, y emprendieron desde entonces la carrera de fundación de Teatro Uno que es, junto con El Galpón y el Teatro Circular, de los grupos de más actividad ininterrumpida en el medio.
La segunda fecha de fundación fue en 1963, cuando ofrecieron su primer espectáculo público que fue presentado en el ex Teatro del Palacio Salvo junto a Jorge Freccero y Graciela Figueroa, socios fundadores que luego siguieron individualmente sus respectivos caminos, Freccero como escritor, editor y crítico teatral y Figueroa como bailarina, coreógrafa y productora de danza.
Es así que se ha decidido celebrar la primera fecha (1961) en este año 2001 como la de los cuarenta años del grupo, en homenaje a dos de los fundadores ya desaparecidos: Luis Cerminara (1935-1999) y Jorge Freccero (1944-2000).
A fines de 1961 en el Nuevo Teatro Circular, Cerminara y Restuccia iniciaron su trabajo sobre la línea elaborada por Antonin Artaud (1896-1948). Después realizaron Poesía así, dirigido por Graciela Figueroa con textos de Restuccia, Cerminara y Freccero y Actos sin palabras y La última cinta magnética de Samuel Beckett con dirección de Elena Zuasti. Posteriormente Epifanía, de Restuccia, con Cerminara y Perla Costas y El señor Probstar, de Freccero en el Teatro del Palacio Salvo. De allí pasaron a Sala Verdi con Por el paseo público donde colaboraba Eduardo Schinca.
Resultaría abrumador trazar una reseña exhaustiva de la historia de este grupo. Basta decir que han estrenado más de cien espectáculos. Shakespeare, Jean Genet, Harold Pinter, Milton Schinca, Alfred Jarry, Samuel Beckett, Boris Vian, Jean Cocteau, Dalmiro Sáenz, Ionesco y Grotowsky han sido algunos de los autores más frecuentados por este grupo que se ha ganado el apelativo de «los gitanos» ya que desde su fundación actuó en todas las salas de Montevideo sin excepción, en el Interior de la República, además de Buenos Aires y también en otros países.
Nunca tuvieron sala propia hasta su afincamiento en Casa del Teatro (Mercedes y Tristán Narvaja) de donde fueron desalojados y despojados de una sala que habían conseguido habilitar como Monumento Histórico Nacional, para ganarla definitivamente para la cultura uruguaya. Después de un juicio que Teatro Uno ganó, los leguleyos igualmente terminaron con el sueño de la casa propia. Hoy funciona un gimnasio. *
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