CINEMATECA 18 ESTRENA HOY EL ULTIMO FILME DE WIM WENDERS

El hotel del millón de dólares, serie negra y rock and roll

Desde hoy en Cinemateca 18, y mañana en la sala del Punta Carretas Shopping, se comenzará a exhibir El hotel del millón de dólares, realización del alemán Wim Wenders protagonizada por Mel Gibson, sobre una idea original de Bono, integrante del grupo U2.

Jueves 11 de octubre de 2001 | 12:00
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 Mel Gibson, en plena
madurez de su carrera art

La obra rescata la intransferible impronta del aclamado creador germano, que propone un intenso ejercicio de búsqueda en el que predominan más las preguntas que las respuestas, en una atmósfera cargada de incertidumbres.

El cine norteamericano en general y la serie negra en particular han sido influencias reiteradas sobre la producción artística del talentoso cineasta germano Wim Wenders. Para corroborar este aserto basta recordar, por ejemplo, El Amigo Americano o Investigación en el Barrio Chino, dos recordados títulos de su ya extensa filmografía.

En el hotel del título, situado en la ciudad de Los Angeles, un agente federal, interpretado por Mel Gibson, investiga la muerte del hijo de un millonario, sabiendo que de la solución de esa muerte, crimen o suicidio, depende también la suerte de un amor.

La pesquisa se convierte en un pretexto para levantar un cuadro que tiene sus extremos de extravagancia, extrañeza y sugestión, que ha sido comparado al cine de David Lynch. Uno de los ejes del asunto lo constituye una pareja de jóvenes enamorados (Jeremy Davies y Mila Jovovich), pero a su alrededor el filme levanta un retablo de personajes bizarros.

Más que la historia, al cineasta le interesan sobre todo los climas y la idea de un universo de límites imprecisos, cuyos habitantes padecen grados de confusión y pérdida emocional.

Como es habitual en el cine de Wenders, desde (En el transcurso del tiempo, pasando por Alicia en las ciudades, París, Texas o Hasta el fin del mundo), los personajes emprenden una intensa pero a la vez indefinida búsqueda. La película narra –precisamente– ese complejo periplo humano, aunque, en último término, no importa demasiado que lleguen o no a algo.

 

Creador de imágenes

 

Curiosamente, Wenders prefiere describirse a sí mismo como un narrador de historias antes que como un creador de imágenes. Sin embargo, este último aspecto es el que predomina en su nueva realización. La idea inicial del filme fue un aporte de Bono, integrante del grupo U2, quien llamó la atención de Wenders acerca de ese hotel en cuya azotea el grupo grabara el video de presentación de su tema Where the Streets Have No Name.

El libreto escrito por Nicholas Klein (quien ya colaborara con Wenders en The End of Violence) sufrió varias modificaciones. Incluso en algún momento se pensó convertirlo en un filme de ciencia ficción.

Su trámite de búsqueda, transformación e indecisiones reproduce en cierta forma las incertidumbres de los personajes, y acaso mimetiza la actitud creativa del propio Wenders, en quien las preguntas predominan sobre las respuestas. Es típico del director que los personajes funcionen más bien como abstracciones, antes que como seres de carne y hueso.

La ambigüedad es acaso su rasgo más definitorio. La extrañeza de los climas, el gusto por la imagen insólita y el oído por la banda sonora son solamente algunos de los rasgos de Wenders que reaparecen en El hotel del millón de dólares, y contribuyen a su interés.

La participación de Mel Gibson no deja de ser un reconocimiento a la trayectoria del actor de origen australiano luego nacionalizado norteamericano, que se hizo famoso en el cine como estrella de acción, a partir, fundamentalmente, de su actuación en la exitosa saga de Arma mortal.

Es claro que Gibson ha ido creciendo en su madurez artística incluso como director, lo que le permite acceder a esta oportunidad de actuar a las órdenes de un director como Wim Wenders. Sin dudas, para éste es toda una experiencia de crecimiento. *

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