El albañil vanguardista de la canción popular
El itinerario de Jorge Lazaroff, uno de los fundamentales de la canción popular uruguaya de las últimas tres décadas, se aloja en experiencias tan creativas y provocadoras, con un gran sentido de audacia como lo fueron, evidentemente, la formación de Los que iban cantando (el mejor grupo de la década del setenta y ochenta). Canciones para no dormir la siesta o mucho más tarde Vale cuatro.
Después arribaría con mayor intensidad su actividad como solista (durante el auge de Los que iban cantando grabó su primer disco solista al que denominó Albañil) y, desde luego, ya como un referente ético y estético su muerte fue un directo a la mandíbula para más de una generación de músicos, para los intelectuales y todos aquellos vinculados al quehacer artístico ya que el «Choncho» Lazaroff había sido un personaje entrañable, de esos a los que uno amarra por su luminosidad escénica y por su ternura y su equipaje intelectual –tan alumbrador– luego de las canciones y los micrófonos y los spots.
Lo cierto es que Lazaroff junto a Luis Trochón, Jorge Bonaldi, Jorge Dipólito y Carlos Da Silveira diseñaron una superficie de acción a la que se le denominó Los que iban cantando y que, por su talento, por su concreta labor experimental y por su recogimiento de diversas fuentes musicales apegadas a la cadena de la tradición de la música popular uruguaya, marcaron un antes y un después desde que en 1976 debutaron en el ya desaparecido café concert Shakespeare & Co. (después Teatro de La Candela), para luego inicar un ciclo de prácticamente dos años en el Teatro Circular de Montevideo.
De esa peripecia deslumbrante, compleja y lúdica a la vez, incontrastablemente poética quedó el registro de varios discos que hoy pueden conseguirse bajo licencia Ayuí. El público, época del gobierno de facto, se identificó a full con la propuesta del grupo, quien finalmente tuvo un suceso y un prestigio sin precedentes.
Cuando el grupo decidió, después de cantar las cuarenta en el Club Atenas, parar la experiencia colectiva, Lazaroff se transformó en uno de los proyectos cancionísticos en calidad de solista más exuberante, torrenciales y experimentales de los últimos años y con un resultado irrefutablemente mayor. Discos como el mencionado Albañil (1979), el inigualable Dos (1983, seguramente el mejor disco solista de la década), Tangatos (1985) y Pelota al medio (1989) dieron la medida de un individuo tomando por asalto los incidentes de la época y traduciéndolos de manera doblegadora a formato canción con una solvencia impar: una estética siempre en movimiento perpetuo, de cualidades por momentos desgarradoras y también contestatarias, pero siempre cuidando la letra y la complejidad sorpresiva de sus tramas sonoras.
Jorge Lazaroff murió de música y es esa funión de creador lo que ha vuelto un referente para más de una generación.
Por esa razón no es casual que diversos músicos, compositores e intérpretes esta noche en la Sala Zitarrosa le otorguen un merecido (y factiblemente emotivo) homenaje a un faro de la canción popular uruguaya y en el que intervendrán figuras como Cecilia Prato, Andrés Lazaroff, Luis Trochón, Jorge Bonaldi, Jorge Di Pólito, Jorge Schellemberg, Mauricio Ubal, Ruben Olivera, Fernando Cabrera, Daniel Viglietti, Daniel Magnone, Leo Maslíah, Mariana Ingold, Gabriela Posada, Gabriela Gómez, Carlos Da Silveira, Eduardo «Pitufo» Lombardo, Ney Peraza, Hugo Jasa, Atilio Duncan, el grupo Asambela Ordinaria y la murga Falta y Resto.
Emoción y canciones de ida, como decía Paco Urondo. Eso fue, es y será Lazaroff desde sus canciones: un individuo de ida, nunca de regreso.
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