"LA FUGA", UN PROLIJO FILME ARGENTINO LEJANAMENTE INSPIRADO EN UN EPISODIO SUCEDIDO EN NUESTRO PAIS

Los laberintos del destino

Sin embargo, en algunos casos, quizás el desafío no sea recrear con rigor histórico, sino conmover la espectador con un producto bien elaborado y que proponga lecturas diferentes de la peripecia humana. Este es ciertamente el caso de La Fuga, la coproducción argentino-española del prolijo realizador Eduardo Mignona.

Por más que se insista que este filme está inspirado en la novela homónima del propio cineasta que recrea una evasión masiva acaecida en 1928 en Buenos Aires, son claras las alusiones a la ya célebre fuga de la Carbonería del Buen Trato, que sacudió a la opinión pública uruguaya a comienzos de la década del treinta.

Obviamente, este episodio verídico estuvo rodeado de profundas connotaciones políticas que no recoge la adaptación cinematográfica. En esa oportunidad, el grueso de los evadidos del penal de Punta Carretas fue un grupo de activistas anarquistas que previamente habían protagonizado un sangriento asalto al Cambio Messina.

Mignona, recordado por títulos como El faro y Sol de otoño, construye una historia sórdida y removedora, que apunta a explorar los mundos interiores de los personajes que a describir la preparación de la fuga. Quizás esta sea una de las mayores virtudes del filme, que así se desmarca claramente de otros productos similares que apuntan únicamente al consumo masivo, sin conteplar la calidad.

En esta historia no hay vertiginosas persecuciones, interminables tiroteos ni apócrifos heroísmos. Las imágenes de la propia fuga, que insumen apenas los diez primeros minutos del relato, transcurren –más allá de algún momento dramático (la muerte de uno de los presos)– con un ritmo y un lenguaje morosos, que priorizan particularmente las emociones de los personajes.

El realizador opta por no abrumar demasiado al espectador con detalles irrelevantes para la matriz de la narración, como las previsiblemente muy duras condiciones de reclusión.

El cineasta prefiere, en cambio, con atinado criterio, hurgar en las propias vivencias de los evadidos fuera del penal, entrelazando varias historias paralelas que transcurren mientras se cumple el operativo de «caza» por parte de un persistente y más bien oscuro comisario de Policía.

La historia está narrada por una voz en off de uno de los fugados, un estafador encarnado por Miguel Angel Solá, que al huir se mimetiza con el paisaje humano e incluso asume el lugar del sobrino del anciano dueño de la carbonería, que pierde a su esposa durante el episodio.

El relato explora la breve peripecia del anarquista español que planea la fuga y luego se inmola, de un aviador falsamente acusado que jura vengarse del comisario que aniquiló a su familia, de un homosexual que pierde a su compañero durante la evasión, de un hombre maduro que mata por amor y de un refinado jugador de naipes profesional traicionado por su amada.

Salvo dos o tres picos de acción en las que la violencia está adecuadamente dosificada pese a la crudeza de las escenas, todo el filme está construido con ritmo pausado.

El relato está rodeado de una atmósfera morosa y a la vez dramática, que explora sin excesos la peripecia personal de los personajes, la mayoría de ellos condenados a un destino incierto como prófugos de la ley.

En un reparto muy profesional que incluye a Ricardo Darín asumiendo el rol de un hombre que se juega la vida a cada paso, se lucen ampliamente Miguel Angel Solá, Gerardo Romano y hasta Norma Aleandro, en un intenso papel dramático hecho a su medida.

La Fuga ratifica que el cine argentino, cuando se lo propone, puede ofrecer productos de apreciable calidad artística, apuntando más a lo sustancial que a lo meramente formal. *

LA FUGA. Argentina-España 2001. Dirección: Eduardo Mignona. Poducción: Telefé (Argentina) y Telesa (España). Reparto. Ricardo Darín, Gerardo Romano, Miguel Angel Solá y Norma Aleandro.

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