Grabador genial alemán en el museo
NELSON DI MAGGIO
Mientras en el Centro Municipal de Exposiciones se concentra lo más importante de la cartelera artística montevideana con las excelencias de 150 años de fotografía en España y la instalación de Mario D´Angelo, ambas imperdibles y comprensibles para (todo) público, especialista o no, el Museo Nacional de Artes Visuales y el Goethe Institut de Montevideo, organizan una muestra perteneciente al Instituto de Relaciones Exteriores de Stuttgart sobre los geniales grabados de los años veinte de Otto Dix (1891-1969).
La muestra está integrada por 86 grabados divididos en dos sectores. En Trabajos gráficos críticos, fechados entre 1920 y 1924, aguafuertes y litografías (algunas en color), constituyen uno de los más feroces alegatos antibélicos sobre la posguerra en una Alemania dispuesta a olvidar los traumáticos hechos históricos recientes en el frenesí de los «años locos». Las cinco carpetas con diez grabados cada una, con ediciones de 70 ejemplares, publicadas en 1924, y ejecutadas ese año y el anterior, llevan el título La guerra, se basan en dibujos y recuerdos de diferentes lugares entre 1916 y 1918, mientras participó como soldado en el frente de batalla y son el testimonio directo de una experiencia vivida en un entorno alucinante, la cruel Primera Guerra Mundial que duró cuatro años.
Hijo de un fundidor de hierro, Otto Dix nació el 2 de diciembre de 1891 en Gera-Untermhaus, Turingia. Desde adolescente recibió el estímulo familiar para el arte. Muchas veces fue modelo para un primo pintor y el olor del óleo y la trementina, el humo del tabaco de la pipa, conformaron una disposición para, algún día, ser pintor. E n 1909 recibe una beca para estudiar en la Escuela de Arte Industrial de Dresde luego de haber cuatro años de aprendizaje como pintor de escenografía en la ciudad natal. En la Florencia del Elba, destruida salvajemente por la aviación aliada en la Segunda Guerra Mundial, Dix no se limita a la rutina académica de copiar calcos de plantas y ornamentos como era la costumbre en la enseñanza artística, sino que en sus horas libres se pone al día con las corrientes estéticas del momento. El jovenzuelo de 19 años empieza imitando el impresionismo, dominante en esos años, y ya en 1912, al conocer a Van Gogh en una gran exposición, se orienta hacia el expresionismo que, precisamente, en 1905 había nacido en Dresde con el nombre de El Puente (Die Brücke). Pero también lo atraen el futurismo de Marinetti y el cubismo, así como los grandes maestros de otras épocas, donde Brueghel y Daumier marcarán presencia en su obra.
El estallido de la guerra del 14 interrumpe sus estudios en Dresde. Enrolado en el cuerpo de artillería, se dedica en el período de recluta, a dibujar, pintar autorretratos futuristas (1915), año en que es transferido al cuerpo de artillería pesada. y va al frente voluntariamente con un pelotón. Vive y padece la guerra de trincheras (es herido, condecorado y ascendido a sargento segundo) y en medio de la devastación y la insania colectiva tiene ánimo para dibujar y pintar. En los tres años que pasa en el frente cosechó cientos de trabajos que envió a una amiga de Dresde para que se los guardara. Serían la base para su creación genial posterior.
En 1919 regresa a Dresde para continuar los estudios interrumpidos y se convierte en alumno ejemplar de Max Feldbauer y Otto Gussmann. Cofundador del Gruppe 1919, participa en exposiciones colectivas en esa ciudad y Berlín. Influido por el movimiento dadaísta, se aproxima y expone junto a sus representantes alemanes, George Grosz y John Heartfield en la Primera Feria Internacional Dadá (Berlín, 1920). Comienza pergeñar una obra revulsiva y original, donde la temática recorre los horrores de la guerra y de sus víctimas: los mutilados y marginados, las prostitutas y los agiotistas, contrariando la visión edulcorada de una burguesía atolondrada y exitista.
En sus formidables grabados al aguafuerte un clima goyesco circula por las composiciones, como nuevos desastres de la guerra y su denuncia antimilitarista. Por algunos años Otto Dix abrazó el realismo (Neue Sachlichkeit o Nueva objetividad) ejecutando retratos de fuerte expresión psicológica. El submundo de la prostitución y la miseria de la existencia representados en series de alto voltaje expresivo le originó problemas con la censura. Acusado de pornográfico, fue sometido a juicio y gracias a los testimonios de personalidades epocales, fue absuelto. También, en 1922, se interesó por el circo, develando la dureza del trabajo de los participantes. Acosado y acusado por los nazis de antipatriótico, fue incorporado a la infamante exposición de Arte Degenerado, junto a los grandes maestros de la modernidad (Klee, Kandinsky, Picasso, Grosz). En 1939 fue encarcelado y acusado de conspirar contra Hitler, aunque fue muy pronto liberado. Durante la Segunda Guerra Mundial tuvo que volver a ser soldado y fue hecho prisionero de los franceses. En tiempos de paz se dedicó a las artes gráficas, dedicándose a trabajos alejados de la furia original en numerosas representaciones de misticismo religioso. Nada que ver con le genio de los años veinte. *
Compartí tu opinión con toda la comunidad