CON VIVIANA SACCONE

Un juego divertido

La figura de Viviana Saccone es conocida por los uruguayos, fundamentalmente por su labor televisiva. Entre muchas otras series y telenovelas ha participado en Los Buscas, Por siempre mujercitas y Celeste. Saccone está en Montevideo como parte del elenco de Nosotras, que nos queremos tanto, una obra de Miguel Fallabella que narra la historia de cuatro hermanas que se encuentran el día del fallecimiento de la madre. El elenco se completa con Ana María Cores, Claribel Medina y Rita Terranova.

–¿Cual es tu personaje en la obra?

–Yo soy la menor de las hermanas. Una estudiante de sicología, la más introvertida de las cuatro. Es la que menos tiene que ver con el resto y a la que menos conocen sus hermanas. Empieza a mostrarse tal cual es a partir de ciertas situaciones que se dan en la obra. Creo que de todas es la más segura o la que más se ha jugado a ser lo que realmente es.

¿Que te enganchó con la obra?

–Me gustó mucho el texto. Trabajar con las actrices fue lo que más me interesó. Porque mi carrera es básicamente televisiva, tener la posibilidad de trabajar con tres actrices que admiro para mí fue una muy buena experiencia.

–¿Qué diferencias ves como actriz entre medios como el teatro y la TV?

–La diferencia fundamental es la participación del público. Es inmediata la respuesta, ni siquiera hace falta que termine el espectáculo para saber qué está pasando. En cada momento, en cada comentario, el público va reaccionando y todo lo que le pase al público te condiciona en el escenario. Eso marca una gran diferencia porque hace que cada función sea distinta, las cosas no se desarrollan de la misma manera y el público es fundamental en esto.

–¿El teatro es más exigente?

–Creo que sí. Primero porque es mucho más verdadero y porque todo tu cuerpo está comprometido. Por ahí en televisión te enfocan medio cuerpo y todo lo que no se ve no existe. En el teatro se ve todo ,por lo que es una exigencia bastante mayor.

–Vos has hecho muchas telenovelas. Para cierto público puede tratarse de un género menor. ¿Te parece que es un prejuicio?

–Es relativo. Hay algo, por los tiempos que se manejan, por el ritmo con que se filma, que no permite que se llegue al fondo de las situaciones. Y eso hace que no se pueda sacar todo el potencial que uno tiene. Eso puede que haga parecer que se trata de un género menor. Pero por otro lado trabajar en esas condiciones, representar historias que son increíbles y todas esas cosas que juegan en contra, llevarlas igual y poder hacerlas con la mayor naturalidad posible, es una tarea muy difícil. A veces es más fácil representar un texto que tiene una profundidad enorme, que con sólo decirlo es imposible que uno no se conmueva a representar algo que parece imposible que pueda sonar creíble. Cuando uno trata de hacerlo bien, tiene un riesgo grande y se convierte también en un género difícil. En el teatro y en el cine ya sabés cómo empieza y cómo termina una historia, entonces podés armar todo el desarrollo del personaje. En televisión todo va sucediendo de pronto, tenés que irte acomodando a lo que van proponiendo los autores.

–¿Has hecho cine?

–Muy poquito. Fue una experiencia que me encantó. Es el más difícil de todos los medios, porque es el que menos continuidad tiene para el actor. Si bien uno internamente ya conoce al personaje, a la hora de llevarlo a la práctica, la filmación es de lo más fragmentada. Además, técnicamente, las escenas pueden repetirse muchas veces desde distintos planos y cada cosa tiene que tener una exactitud que hace estés pendiente de tantas historias a la vez, que seguir sintiendo al personaje tiene sus complicaciones.

¿Qué es lo que más te gusta de tu oficio?

–Lo que más me gusta es poder vivir un montón de situaciones, de sensaciones y de maneras de pensar y sentir muy distintas a las que me tocaron vivir a mí como persona o elijo llevar adelante. El actuar me permite ser a la vez un montón de personas diferentes. Es un juego divertido.

–¿Qué estás haciendo ahora?

–Algunas cosas sueltas en televisión. Estuve en el programa de Francella y en un programa que se llama Un cortado, historias de café. *

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