Premian filme iraní sobre Afganistán
«Prometo a los amigos afganos que construiré una escuela en Kandahar, y la llamaré Fellini», dijo emocionado el director.
Kandahar es una película perturbadora, filmada antes del 11 de setiembre, y que hoy asume un valor de documento de los sufrimientos de los afganos, enfrentados al hambre y al peligro cotidiano de las minas y de la escalofriante situación de la mujer.
«Es una lástima que este premio no sea pan para compartirlo con los hermanos afganos, que no sea lluvia para hacer fértil su tierra árida, que no sea viento de libertad para levantar finalmente el velo de las mujeres», dijo el director, al recibir el premio de manos del director general de la Unesco, Kochiro Matsuura.
«Pero ya que no es pan, ni lluvia, ni viento de libertad, sino una señal de esperanza, lo tendré para entregarlo un día al pueblo afgano», agregó en medio de calurosos aplausos. Makhmalbaf explicó que «Afganistán es un país cuyos habitantes viven con los pies sobre las minas, frustrados todos los días por las calles por los gobernantes, un país cuyos vecinos rechazan a los refugiados sin avergonzarse. Un país abandonado también por Dios a pesar de que su nombre se pronuncie más a menudo que en otros lados». Afganistán «ha sido olvidado, hasta el 11 de setiembre, desde hace 25 años. Si en estos 25 años hubiéramos enviado libros, hoy todo sería distinto.
Si en vez de las minas hubiéramos sembrado trigo, no habría refugiados». Al entregar un premio a la protagonista del filme Niloufar Pazira, Marisa Berenson –cuya hermana murió en uno de los aviones secuestrados por los kamikaze–, el director expresó con voz emocionada la esperanza de que el drama del 11 de setiembre «despierte una nueva conciencia, una nueva visión de nuevos valores». *
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