Las químicas sonoras de Alberto Magnone
Alberto Magnone, de profesión pianista, proveniente de una familia vinculada a la música, es de esos intérpretes y a la vez compositores que manteniendo un perfil bajo se fue transformando en objeto de culto para cierta tribu melómana.
Sin estridencias, ni desmesuras, sin una carrera de hits ni una posición de privilegio en el mapa de la canción popular uruguaya. Haciendo música y prestando su talento y su sensibilidad como acompañante de gente como Fernando Cabrera, Eduardo Darnauchans o Jorge Galemire, por citar algunos ejemplos, da cuenta asimismo de su acoplamiento feliz a diferentes proyectos estéticos.
Magnone es un dedicado y delicado pianista que durante años participó en extensas veladas en el Hot Club, de ahí su sello y su estampa: un jazzmen de pies a cabeza. Un músico en el que cada nota, cada frase es un hallazgo sea el escenario estilístico donde se movilice. Un profesional a ultranza que, para celebración de quienes buscan música rigurosa y refinada, con desplazamientos entre subgéneros populares partiendo de un eje jazzístico puede fundar un discazo como Química. El flamante compacto tiene una decisión compositiva de clara connotación jazzística. Pero la métrica de fusión o experimental no excluye el fluir del tango (hay un tema del maestro Astor Piazzolla, por ejemplo, abordado exquisitamente) ni tampoco de la murga (con participación vocal del interminable Canario Luna) y desde luego invitados de lujo como un viejo compañero de ruta como el formidable trompetista Gastón Contenti o los siempre eficientes hermanos Inarburu en bajo y percusión. Por allí también aparece el sinuoso bandoneón de Néstor Vaz.
Química es un disco personalísimo. Magnone se coloca casi en el backstage de las construcciones sonoras, pero de esa manera es cómo luce su delicioso touch interpretativo y deja crecer sus voluntades gratificantes en tanto compositor. Nueve temas. Siete instrumentales y dos canciones: jazz, tangueces y hasta una murga le otorgan al disco esa nobleza de lo perdurable. Y al mismo tiempo las irresistibles sutilezas de un compositor que, sin grandilocuencias, alcanza ribetes compositivos que merecen más de una audición. Hay volumen en el sentido de densidad, de contenidos, de torrente sonora de una gran cohesión y aplicación. Merece escucharse por sus cualidades y calidades expuestas. *
Compartí tu opinión con toda la comunidad