Adiós al maestro de baile
«El tango danza, al igual que las otras artes del tango, no es arte híbrido porque es creación pura. Será una tradición, un arte trasmitido de generación en generación durante ocho generaciones en cien años.»
Todo indica que esta opinión, perteneciente al poeta Horacio Ferrer, haya sido la guía y el norte del profesor Alfredo Hernández, para hacer de sus clases de danza y de docencia tanguera una especie de apostolado.
Ya que por su porte, estilo, la relación cuerpo y alma, junto con un cuidadoso manejo hacia sus alumnos, lo destacaron con brillo auténtico, entre otros docentes.
Aun cuando ya sabía mucho de bailar el tango, en 1991 ingresó como alumno a las clases que dictaba el profesor José Erman en la sede de Joventango, con el afán de adquirir mayores conocimientos y aprender los pasos del llamado «tango oriental».
Según Erman: «Alfredo era un muchacho de barrio, de carácter modesto y afable, que enseguida aprendía todo, mejorando en forma permanente su estilo.
Junto a los alumnos Silvia Ledda y Ruben Calafat se convirtieron en mis asistentes durante varios cursos hasta que él y Silvia se transformaron en profesores de muy buen nivel».
Su reconocida habilidad para la danza, así como su capacidad para la enseñanza del baile han quedado demostradas en los cientos de bailarines que aprendieron bajo sus indicaciones. Varios de ellos señalan el humor de Alfredo durante los cursos, el permanente estímulo a los que recién se iniciaban. «Yo te voy a hipnotizar y vas a aprender a bailar». «Tenés que perder el miedo, bailá como si estuvieras paseando o mirando vidrieras por 18 de Julio», eran algunas de sus frecuentes frases para impulsar a los nuevos, sostienen quienes fueron sus alumnos.
Algunos manifiestan que Alfredo Hernández, fue un sobresaliente maestro en la enseñanza del tango a la manera oriental: «rítmica, pareja y austera, como lo pide la idiosincrasia de nuestro pueblo».
«Desinteresado y generoso, fue un educador talentoso que nunca guardó nada para su brillo o vanidad personal, manteniendo siempre una actitud de respeto y de cariño a todo lo que hacían sus alumnos en los errores y en los aciertos», dicen otros.
El sábado 6 de octubre, al cumplirse un mes de su fallecimiento, familiares, amigos, colegas y alumnos han organizado una misa en la Capilla Santa Bernardita de Avenida Italia y Caldas, a las 16 y 30 horas. *
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