Estrena "El talentoso Mr. Ripley", del autor de El paciente inglés, nominada a 5 Oscar

Highsmith según Minghella

Es que evidentemente la historia de Ripley, la figura por excelencia del asesino impune de la literatura contemporánea es indudablemente atractiva para ser expuesta en 35 milímetros. Y Minghella, luego de probar las mieles del éxito con El paciente inglés, debía tentar (y tentarse) con otro texto importante y eligió a la Highsmith. Factiblemente, de estar viva, la Highsmith habría puesto nuevamente el grito en el cielo.

Matt Damon es quien compone al Tom Ripley en versión Minghella. Es el joven sin futuro venturoso a la vista, al que un empresario multimillonario contrata para ir a Italia y convencer a su hijo descarriado (un excelentísimo Jude Law) de que debe regresar a Estados Unidos y sentar cabeza.

Ripley inicia el viaje hacia ese Dickie Greenleaf (Law) gentil, playboy, por momentos autoritario y perdidamente enomorado de Marge (una insípida Gwyneth Paltrow) y, de a poco, ganará su confianza e ingresará en su vida hasta llegar a planear su homicidio y falsificar cuidadosamente todo para tomar su lugar. El cuadro de situación se completa con Meredith (impecable Cate Blanchett), otra hija de millonario disfrutando las bondades de las ciudades italianas y con Freddie Miles (el ascendente Philip Seymour Hoffman, a quien ya se le vieron sus sagacidades expresivas en su memorable performance para Boogie Nights de Paul Thomas Anderson, una joyita que se está rotando en HBO), personajes laterales que repotencian el relato.

Hay una sensación de cada lector –incluyendo a Minghella– posee una visión de cómo hacer andar a ese imitador y asesino cruel que es Tom Ripley. Hay un Ripley diferente en la cabeza o en la proyección de cada uno de nosotros, mérito exclusivo de Patricia Highsmith.

El de Minghella vía Matt Damon no expande su mayor virtud que es la del camaleón, la del gentleman que en cosa de segundos, ya psicótico, ya otro, puede asesinar sin el menor asomo de piedad.

Damon nunca da la talla. No porque no sea buen actor, sino porque Minghella le propuso un Ripley cavilante y envuelto en la culpa. Jude Law hubiese sido más lanzado con el personaje, pero le tocó en suerte protagonizar a ese hijo de rico que hace a piacere redondeando una performance fuera de serie.

Lo cierto es que una vez más El talentoso Mr. Ripley pone en tela de juicio las tensas relaciones entre el universo literario y el cinematográfico. El Ripley de Minghella falsifica a un falsificador (Ripley), y Damon –pese a su destreza– nunca llega a redondear a medida el personaje creado por la Highsmith. Como que se quedó a mitad de camino: un Ripley respetado en todo el entorno epocal y en ciertas manías de conducta, pero sin hacer aflorar del todo su esencialidad.

Quien no posea lecturas de la saga de Ripley escrita por Patricia Highsmith, seguramente va a toparse con un filme moroso en la descripción de detalles, cuidadoso en la creación de ambientes y hasta respetuoso de la letra. Pero a veces no alcanza: ese Ripley que nos vende Anthony Minghella tiene un aire de trucho, por decirlo así; frágil y dubitativo. Nada más lejano.

Un filme negro que buscando celebrar a la Highsmith la mediatiza. Y que por momentos aburre por su previsibilidad.

Las relaciones de esa litaratura mayor que fundase Patricia Highsmith con la escritura visual (el cine) no han tenido situaciones gratificantes como resultado. Y, en ese sentido, las airadas reacciones de la novelista y cuentista estadounidense siempre tuvieron el impulso de la desacreditación.

Ocurrió con la primera versión de El talentoso Mr. Ripley, dirigida por René Clément, con Alain Delon. Más acalorados fueron los adjetivos de la Highsmith cuando se rodó uno de sus mejores textos, Extraños en un tren, y quien debió soportar la furia de la novelista fue su colega Raymond Chandler encargado de escribir el guión. Más suerte tuvo Wim Wenders con El amigo americano: la adaptación o cruce de dos textos generaron una nueva visión panorámica alrededor de Ripley (interpretado formidablemente bien por Dennis Hopper) y en definitiva una película personalísima.

Lo cierto es que la Highsmith (quien escribió una las novelas más trascendentes del siglo XX: El diario de Edith) nunca hizo buenas migas con el espectáculo cinematográfico, acaso porque la complejidad de sus historias aparentemente simples no precisarían a priori su versión en pantalla: las imágenes y climas, el esculpido emocional, intelectual y psíquico de cada uno de sus personajes en el fluir escritural alcanzan y bastan en forma suficiente.

Lo cual no quiere decir que haya cineastas que asuman el riesgo, como Anthony Minghella (El paciente inglés, filme tan galardonado por Hollywood y basado en la impecable novela de Michael Ondatje), que intenten –como René Clément– su adaptación personal de A pleno sol (así se llamó en español esta primera versión y con tal designación se puede encontrar el texto bajo sello Anagrama) y que, en esta oportunidad, se la conoce con su traducción: El talentoso Mr. Ripley, la primera de las cinco novelas que conforman la saga del señor Tom Ripley.

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