Una buena muestra de teatro
En esta cuarta edición de su actividad teatral, ya muy fluidos los canales de comunicación, el éxito de «Porto Alegre en Montevideo» fue arrollador. Las localidades se agotaron a la media hora de abrirse las boleterías, y un público que no es el público habitual del teatro llenó las salas, incluso la gran sala 1 del Teatro El Galpón. Lo mejor de nuestro medio teatral se dio cita: debemos destacar, en primer lugar, la presencia invariable y el entusiasmo juvenil de nuestra leyenda viviente, Estela Medina, delicada y merecidamente homenajeada en Traças de paixao, cuando Margarida Leoni agregó, a una alusión a los sueños, las palabras «Estela Medina es un sueño». Con Estela estuvo lo mejor del teatro de arte de nuestro medio. Hubo algunas ausencias, alguna previsible y otras lamentables. No nos sorprendió la ausencia del teatro comercial, pero sí las muy notorias de las autoridades, siempre muy visibles, de la Sociedad Uruguaya de Actores y del «teatro independiente», que quizás ya no supieron reconocer su propia naturaleza del «teatro de arte» en estas producciones de la Secretaría de Cultura de la Prefectura de Porto Alegre.
Hemos comentado ya Descobrimento. Siguieron A vida muda, de Rogerio Beretta y Néstor Monasterio, puesta en escena de Néstor Monasterio, una obra creada a partir de improvisaciones del elenco sobre un guión de Beretta, donde apenas se oye la voz humana: está finamente realizada, dentro de una clara limitación de propósitos, pero configurando un espectáculo amable, entretenido y original. Traças da paixão de Alcides Nogueira, puesta en escena de Elcio Rossini, que narra el encuentro de dos seres casi perdidos: la dueña de un bar (Margarida Leoni Peixoto) que tiene el extraño nombre de Marivalda Revólver y un hombre joven, Paco, (Clovis Massa) que cada tanto dice que ella es Anastasia Romanov, la única sobreviviente de la familia de Zar, y que él es su hijo. La obra se desarrolla en varios planos que van de la realidad al sueño; hay quizás un exceso de temas y de sugestiones, pero la obra, con su complejidad y su desmesura, se sostiene con felicidad. Las dificultades para entender el portugués hablado nos impiden juzgar adecuadamente Gueto bufo premiada como espectáculo el año pasado y obra de Daniela Carmona, también premiada como actriz. No pudimos entender bien esta historia de dos bufonas confinadas al gueto por sus modales y sobre todo se nos escapó el sesgo paródico de sus aventuras. En cambio pudimos apreciar un espectáculo logrado en Dorotea, de Nelson Rodríguez, dirección de Kike Barbosa, que para nuestra apreciación, dejando aparte el fulgurante Descobrimento de Luciano Alabarse, fue lo mejor de este cuarto Porto Alegre en Montevideo. Vimos casi por primera vez, al mejor Nelson Rodrigues, trágico, casi mitológico, despiadado pero con grandeza, cruel pero con un hálito de gran tragedia cruzando la escena. En suma, una buena muestra del teatro de Rio Grande, hecho con un entusiasmo y una devoción por el arte teatral que pocas veces encontramos en nuestro medio.
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