Rompecabezas dramático
Todo lo que hace Mariana Percovich despierta interés; también alguna inquietud. Le debemos puestas en escena tan brillantes como «Juego de damas crueles», de Alejandro Tantanian o «Ayax, por ejemplo» de Heiner Müller, con las que Mariana obtuvo premios y fue merecidamente invitada a festivales internacionales de teatro; otras veces, con «Cenizas en el corazón» o «Marleni», nos sorprende ubicándose en el otro extremo del espectro. Convengamos en que con ella no hay medios tonos, obras tibias o mediocres; su estilo mercurial, no menos cambiante que su tocado, pasa de más a menos con tal presteza que no tiene lugar para medias tintas.
Con «Atentados» de Martin Crimp, estrenada en Londres en 1997, Mariana Percovich ha puesto en escena una obra contemporánea. Con la mente abierta a las más dispares incitaciones, nos entregamos a la primera escena, que es verdaderamente interesante. Aparecen los actores sentados, vestidos de rojo y negro. Se oye el registro del contestador telefónico de Anne. Hay de todo: relaciones cordiales y amenazas de muerte, zalamerías y petardos verbales, lo que atiende al título de la obra, «Attempts on life», que quiere decir a la vez «intentos de vida» y «ataques contra la vida». Concluye esa escena y quedamos a la espera, con no poco interés, de saber qué pasará o qué pasó con Anne: pero en este punto terminó, para nosotros, la obra. Lo que siguió, hasta el final, fue una serie de sinsentidos y despropósitos que no se explican ni se anudan en ninguna forma y que, por supuesto, no pudimos comprender; a falta de todo sentido la pieza fue muy apta para fastidiarnos y en particular nos resultó casi insoportable una sesión de diálogo con su traducción inmediata al italiano y al portugués. «Rompecabezas dramático» se escribe en el programa: es exactamente eso.
Hemos oído elogiar la interpretación de esta obra. Es verdad que se trata de la Comedia Nacional: los actores son excelentes. Pero creemos que es como decir que un cuadro es malo, pero que el marco es muy bueno, o que el museo tiene aire acondicionado; o que un libro es malo, pero su encuadernación es admirable y sus hojas en papel vitela; o que una escultura es mala pero que debe disfrutarse el mármol.. No logramos entender la división de un espectáculo teatral, y tampoco la de ninguna obra de arte, que son un todo, en sus partes. Los actores podrán, como en este caso, mostrar su capacidad, harán ver que tienen todo lo necesario para actuaciones brillantes en obras mejores; pero no hay actuación cuando no hay personajes; no hay actor cuando no ha existido el esfuerzo de componer un ser distinto, de alcanzar la voz de una pasión que no se siente, de hacer llegar al público el alma de un autor. Escuchamos, ciertamente, la buena dicción de Galbiati, pero no dice nada que nos importe. Vimos a Elisa Contreras, pero su mirada estrellada no se dirige a ninguna parte. El hecho de que se haya empleado a buenos actores, muy lejos de mejorar las cosas, hace resaltar más aun la inanidad del espectáculo.
ATENTADOS, de Martin Crimp, por la Comedia Nacional en traducción de Juan Carlos Lozano. Con Elisa Contreras, Delfi Galbiati, Isabel Legarra, Luis Martínez, Claudia Rossi y Oscar Serra. Vestuario de Hugo Millán, coreografía de Ignacio Cardozo, escenografía, luces y dirección de Mariana Percovich. En la Sala Verdi. *
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