Coqueteando con la transgresión
Puede decirse que «El jardín de la alegría» es un filme casi «correctamente político». La jugada clave –por cierto–apunta a quedar bien con dios y el diablo en la tierra de las leyes humanas. Una tarea nada fácil que sufre sus tropiezos y de la que (apenas) se salva gracias al particular carisma de Brenda Blethyn, su actriz principal.
Al principio impresiona como una comedia dispuesta a tomarle el pelo a ciertas convenciones y rigideces. Pero a medida que transcurre la narración, se busca un equilibrio entre los límites prudenciales que hacen a la «moral y las buenas costumbres». En realidad hay cierta simplificación temática que parece canjear contenidos por reflejos mientras el ojo clínico de los productores se concentraba en la taquilla. (Probablemente esa misma mirada puede haber sido la que transformó el título original, Saving Grace, en otro enunciado levemente pecaminoso donde se alude a paraísos artificiales).
Cabe señalar –sin embargo– que hay cierto riesgo en toda esta des-dramatización del narcotráfico y las drogas blandas, aunque la propuesta no vaya más allá de una gimnasia lúdica en clave de enredo. Es que no alcanza con buscar un equilibrio delicado que impida tomar posición mientras algunos personajes exponen una plataforma discursiva que parece representar la voz de la conciencia social. Para abordar un riesgo de esta naturaleza habría que haber cortado ciertas amarras que evitaran ambigüedades confusas, donde ciertas actitudes pueden ser relativamente condenables o perdonables. Es cierto que todo depende del cristal con que se mira pero –en este caso– la vidriera muestra, en forma casi indiferente, la euforia simpática, el exceso castigado sin mayores rigores y una decisión final más artificial que verosímil. A juicio de quien suscribe, lo más rescatable del filme resulta ser la peripecia histriónica de Brenda Blethyn, colosal actriz de Secretos y mentiras que aquí vuelve a demostrar su oficio como una suerte de faro individual en el largometraje. Es gracias al carisma de esta talentosa intérprete, jerarquizada por una nominación al Globo de Oro gracias a este papel, que la película no naufraga totalmente. Su afinada gestualidad y dicción hacen de su representación actoral un disfrute aparte que logra sacarnos de encima –por momentos– la incómoda sensación de estar viendo el borrador apresurado (y facilongo) de lo que pudo haber sido un largometraje de mayor estatura.
En resumen, una realización simpaticona que parece apostar al probable mensaje de la legalización (¿) o la crítica vitriólica, aunque no se anima demasiado y prefiere quedarse con un simple pasatiempo (que funciona de a ratos) donde se permite la sonrisa fácil. Algo es algo. *
El jardín de la alegría. Dirección: Nigel Cole. Escrita por Craig Fergusson. Productor y co-guionista: Matt Crowdy. Con Brenda Blethyn, Craig Fergusson, Phyllida Law y Leslie Philips.
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