EL PLANETA DE LOS SIMIOS, DE TIM BURTON

El reino del revés

Después de la estupenda escritura fantástica que gestó para la versión de «La leyenda del jinete sin cabeza», pues ahora el genio de Tim Burton se planteó rehacer o reformular «El planeta de los simios».

No es el mejor filme del autor de «Ed Wood», pero puede disfrutarse si pensamos al cine como forma de espectáculo. Burton no tomó riesgos, pero fue aplicadísimo en su concepción narrativa. Con Mark Whalberg, Helena Bonham Carter y el grandioso Tim Roth.

Tim Burton es fiel a su naturaleza, pero aparentemente la industria hollywoodense quiere arrancarle ese soplo de diferente que lo ha situado más que de manera legítima entre los cineastas más creativos de los últimos años, y basta pensar en títulos como El hombre manos de tijera o Marcianos al ataque o la memorable Ed Wood.

Y el cineasta, que viene de probarse aplicadamente en la tonalidad fantástica con La leyenda del jinete sin cabeza, ahora construyó una remake de El planeta de los simios apoyándose ciertamente en la novela de Pierre Boulle. Mark Whalberg (el ascendente actor de Boogie Nights, de Paul Thomas Anderson, y de la taquillera aunque fallida La tormenta perfecta) es quien reemplaza al Charlton Heston de la versión de la década del sesenta y, por cierto, la versión Burton no parece superar en contenido a su predecesora.

El sello de Tim Burton está en la refinada construcción de las locaciones, abigarradas o casi góticas maquetas-ciudades o, por el contrario, ya en fuga los humanos, zonas desérticas que evocan a Mad Max: los escenarios donde se movilizan los simios (con la intervención soberbia de Tim Roth como el temible Thade y la compasiva, humanista, Ari que compone sensiblemente Helena Bonham Carter; por algo serán actores británicos) tienen la escritura mental de Burton: basta ver un minuto de metraje para darse cuenta que en términos formales Burton es inimitable.

Pero el cineasta no va más allá de los escritos de Boulle, no toma riesgos: desde que el personaje de Mark Whalberg cae de las estrellas al ser despedida su nave por un centro casi letal de energía. Burton hace gala y énfasis en la teoría darwiniana, en la posibilidad de retroceder o avanzar en el tiempo, de refundar la maravilla y a la vez pesadilla del reino del revés con los simios razonando, tomando decisiones, organizándose en comunidades.

No hay humor ni parodia como contraseña distintiva de Burton. Tampoco una metafísica que complete esa inquietud, esa mirada o lectura que el cineasta detiene en el plano del pasatiempo o en la idea del cine como forma del espectáculo que determine un ritmo adrenalínico, utilización seductora de los efectos visuales y sonoros y hasta trabajo sorprendente de maquillaje a cargo de Rick Baker.

La acción comienza desarrollándose en el 2029 y, a partir de allí, Whalberg será un sobreviviente junto a un grupo de seres humanos corriendo entre la jungla y entre la lluvia ácida hasta encontrar una nave que los rastreó, de manera que podrá recomponerla y usarla como mecanismos de defensa frente al inminente, imperativo, ataque de los simios comandados por Thade.

El planeta de los simios posee una narración impecable que incluye finezas varias, pero de igual modo es la obra tal vez más impersonal de toda la trayectoria de Tim Burton. Es como si hubiese querido ir más allá, incomodar, plantear ejercicios reflexivos con la propia gestión y/o acción de los personajes, pero no quiso hacerlo o no lo dejaron. Por lo tanto, queda el espectáculo, el filme de aventuras donde no quedó ningún detalle librado al azar. Vestuarios, fotografía, iluminación, efectos especiales, correcto rendimiento actoral: puede verse y hasta disfrutarse, pero viniendo de Burton en rigor todos esperábamos más. ¡O es que tanto merchandising generó demasiada expectativa ante el filme? Tal vez. *

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