AMNESIAC, DE RADIOHEAD

Tom Yorke en su laberinto

adiohead está fundando una obra siempre en progreso, cuyo mayor impacto popular seguramente fuese OK Computer (el mejor álbum discográfico de la categoría rock de la década del noventa), y su quiebre estético, de impronta experimental, se dio con el polémico y también fascinante Kid A.

Ahora arribó el nuevo compacto denominado Amnesiac y, particularmente, Thom Yorke es de esos creadores en el que se delata no solamente intuición y sensibilidad, lo que dispone entonces un talento mayor, sino también la labor minuciosa de un intelectual que traza un plan de gestión musical y al que se adhieren en actitud y exuberancia instrumental y arreglística el resto de su equipo.

Hay un plan y hay una autocrítica personal y colectiva abierta y persistente que ha situado noblemente a los Radiohead como cabezas parlantes de una atmósfera epocal con sus situaciones pendulares, sus matices, sus coloraciones, su ser y estar en el mundo: no es fácil recorrer el camino de Radiohead, acaso porque su obra se ha convertido en todo un sistema de pensamiento valiosísimo como medida del signo de los tiempos y, vale aclararlo, sin pretenderlo. Es cuando mayor espesor, mayor dicha y satisfacción otorga, desde luego, practicar el abordaje de la obra de esta banda mayor.

Hay una fuente de deseo en Yorke, en tanto diseñar el arte de la canción en una graduación superlativa, que se permite corregir y corregir hasta que el todo o la globalidad de un proyecto, en este caso específico Amnesiac, sea el desarrollo fidedigno de sus inquietudes y sus obsesiones y al que se suma la banda con un team que trabaja en tensiones diferentes, pero con el sello de la unidad.

Entiéndase que Radiohead es, además, Yorke y su poética hecha de claroscuros, de complejidades, de a veces sofocante labor a nivel de lenguaje. No hay nadie que apalabre, en la actualidad musical, que Yorke y Amnesiac: el poeta que emerge es realmente extraordinario en solvencia y en impacto, acaso porque su condición de intelectual no le frena liberar en los textos francamente sus emociones y un total cancionístico que con finezas varias computarizadas, cuerdas siempre al pie y hasta un ingreso en el blues.

De eso está impregnado el montaje musical del disco que sigue con la inclusión de electrónica (una manera lúdica de experimentar) y el funcionamiento al frente de las estupendas cuerdas en algunos tramos del compacto. Amnesiac viene a completar, sin tanto espiral experimentador, la mirada de lo que fuese el sorprendente Kid A. su gran quiebre de cintura.

No hay reiteración, no hay prolongación: Tom Yorke, en su laberinto, se da siempre sus gustos, sus exquisitos gustos de construir canciones exquisitas. Hay en efecto una complementación (allí está la canción «Mornig Bell Amnesiac» que prolonga a la «Mornig Bell» de su trabajo predecesor) entre el escenario estético de ambos proyectos discográficos, los que fueron grabados al mismo tiempo y que, en términos de resultados, si pensamos en Amnesiac, el oído se presta a escuchar y a escuchar devoradoramente los tracks de un disco ejemplar. *

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