Picasso, escenógrafo y vestuarista
NELSON DI MAGGIO
Se agrupan obras curiosas, extrañas, poco conocidas, de un enorme valor histórico y estético, de procedencia y lenguajes diferentes, aunque entrecruzados, que habitualmente no pasan por los circuitos centrales o dominantes de exhibición. De ahí el título. Son estrenos absolutos para Montevideo.
El primer programa está dedicado a Pablo Picasso (1881-1973) y su colaboración con la danza. Picasso, entre 1917 y 1924, recorrió el camino del neoclasisismo, originado en el viaje a Italia invitado por su amigo Jean Cocteau, con la intención de realizar los decorados del ballet Parade para la compañía de Diaghilev, director de los revolucionarios Ballets Russes. Allí conoció a la bailarina Olga Koklova y unos meses después se casaron. Visitó Nápoles, Pompeya y Florencia y se entusiasmó con el arte helenístico-romano y los maestros del Renacimiento como Rafael, que marcarán notablemente su producción de esos años. Un período que coincidió con un desencanto de la sociedad de entreguerras, que temerosa de un futuro inestable se aferró al pasado o, en contrapartida, denunció el presente con virulencia (dadaísmo y surrealismo). Viajará a Madrid y Barcelona en compañía de su novel mujer, y al volver a París se instalará en la rue de la Boetie. Se vinculará con la nobleza y la alta burguesía, a intelectuales ya tan célebres como él, asistiendo a estrenos importantes del teatro, a fiestas mundanas y frecuentando los balnearios de moda (Jean-les-Pins, Dinard, Cannes, Montecarlo, Saint.Raphael). Rico y famoso, dejó atrás la miseria de Montmartre. En su larga y extensa trayectoria, fueron años desconcertantes de una existencia rumbosa y frívola (arrastrado por los caprichos de Olga Koklova), del genial malagueño. Quizá un descanso preparatorio para la etapa futura donde descargaría todo su genio que culminaría en Guernica. De la colaboración con los Ballets Russes, además de Parade (1917), quedaron El sombrero de tres picos (1919), Polichinela (1920) de Pergolesi-Stravinsky, un frustrado proyecto de La siesta de un fauno de Debussy y Mercure de Eric Satie, ambos de 1922. Las relaciones con el temperamento difícil de Diaghilev (Picasso, como buen español, no disimulaba el suyo), se deterioraron y el último trabajo para los Ballets Russes fue El tren azul (1924) de Milhaud, donde prestó una pequeña gouache de 1922 para ser ampliada en el telón de escena, Dos mujeres corriendo en la playa o La carrera, donde se advierte el carácter monumental y escultórico de la pintura pompeyana.
En El tren azul (Le train bleu,1924) Diaghilev convocó a extraordinarios talentos de la época: Darius Milhaud (música), Jean Cocteau (libreto), Coco Chanel (vestuario), Bronislava Nijinska (coreografía), escultor Henri Laurens (escenografía) y Picasso (telón de escena). A pesar del título, no hay ningún tren azul. El propio Diaghilev explicó: «La primera cosa que hay que decir de El tren azul es que en él no hay ningún tren azul. estando en la edad de la velocidad, ya llegó a destino y sus personajes desembarcaron. Los vemos en una playa que no existe, enfrente a un casino que no es menos inexistente. Sin embargo, cuando la obra fue presentada por primera vez en París, la gente se sintió inexplicablemente invadida por el deseo de subir al tren azul (los ferrocarriles franceses se caracterizan por ese color) a Deauville y practicar revigorizantes ejercicios». Es que Nijinska basó su coreografía en movimientos relacionados con la natación, el golf, el tenis y juegos de playa, los deportes favoritos de una época (los Años Locos) en que se descubría la vida al aire libre, se viajaba en avión y en automóvil, la mujer cambiaba la ropa y el peinado, acortándolos, aplastaba inmisericorde su silueta para lucir diseños prácticos aptos para seguir los compases del tango y el charleston, trepar a la carlinga de un aeroplano o subir a un tranvía en movimiento. Muchos creadores exaltaron la nueva sociedad industrial y de consumo, del ocio compartido y los espectáculos masivos: compositores (Rugby, Skating, Pacific 231 de Honneger, Promenades de Poulenc, Sports et divertissements de Eric Satie, Pas d´acier, de Prokofiev, L´aviatore Dro, de Francesco Balilla Pratella), pintores (Picasso, Léger, Duchamp, Tatlin, Picabia), escultores (Calder y su famoso Circo), fotógrafos (Jacques-Henri Lartigue), cineastas ( El circo de Charles Chaplin, A propos de Nice de Jean Vigo).
Los dos personajes principales de El tren azul, la tenista y el elegante caballero, están inspirados en figuras mundanas de la época, la tenista Suzanne Lenglen y la afición al golf del príncipe de Gales, que aparecen deliciosamente satirizados, y fueron interpretados en ocasión de su estreno en el Teatro de los Campos Elíseos en París por Bronislava Nijinska y Antón Dolin. El resultado es una reconstrucción de la sensibilidad epocal plena de síntesis y humor. Más conocido es El sombrero de tres picos (Le tricorne, 1919). La música es de Manuel de Falla, los magníficos escenarios y vestuarios de Picasso, la coreografía de Leonide Massine y el libreto (basado en una pieza de Pedro Antonio de Alarcón) de Gregorio Martínez Sierra. La trama se desenvuelve en torno a un Corregidor libertino del siglo XVIII que intenta seducir a la Molinera. La brillante versión, como la anterior, es del Ballet de la Opera de París del año 1993. La entrada, como de costumbre, es libre. *
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