Misteriosa Montevideo
Esta pieza teatral de Helen Velando y Marcelo Rodríguez describe las aventuras de Fatman y Flaquin, notorias variedades alotrópicas de Batman y Robin, que en vez de enfrentarse con el Guasón se las ven tiesas con Guarangón sin más armas que esos instrumentos de los empleados de las sanitarias; la acción no sucede en Ciudad Gótica sino en Montevideo City.
El estilo de actuación es una parodia de la interpretación: de comienzo a fin los personajes hablan en tono forzado, que quiere ser cómico por su sola distancia de la realidad y las aventuras se basan en carreritas de un lado al otro del escenario.
La obra se exhibe en la sala 2 del Anglo y a las 21 horas; el público, el día que pudimos ver la obra, luego de varios días en que no hubo función, estaba compuesto por grupos de adolescentes que tendrían entre 12 y 16 años, posiblemente liceales, que llegaban en grupo con la asistencia o custodia de algunas profesoras.
El verdadero misterio de Montevideo (o Montevideo City) es el sentido de esta obra. Es claro que no se intentó competir con los creadores de Batman y Robin, por lo que cabría suponer que estamos ante una parodia, hipótesis apoyada por la dicción extravagante. Pero falta el aspecto crítico, el lado irónico, el enjuiciamiento, tácito o explícito, del modelo, que es esencial en la parodia.
Quizás la clave estuvo en un prólogo donde se nos explicó que lo que vamos a ver tuvo origen en un programa radial y donde al pasar se deslizó la palabra «comic», que es la forma anglicizada, diríamos «fashion», de pronunciar «historieta».
Estamos ante un «comic». Muy bien, ¿pero una palabra, un marbete, es suficiente salvoconducto para una obra de teatro? Una vez aceptado lo que no es fácil de entender, que se quiso hacer una historieta sobre las tablas, todavía está por explicarse por qué Batman y Robin, ridículos o ridiculizados, son materia apropiada para la formación o aún para la diversión de nuestros liceales; en particular por qué «Fatman y Flaquin» son mejores o más asimilables que «Antígona», «Hamlet» o «La pobre gente», obras comprensibles para un niño de sexto grado.
La próxima pieza que verán estos liceales no será «Los lirios», «Historias ajenas» o «En Familia», sino alguna de las producciones de Franklin Rodríguez.
La dificultad, la extrañeza y hasta un primario rechazo están en la naturaleza del aprendizaje, y estas obras facilongas, que se olvidan antes de salir a la calle, en nada contribuyen a llevar público a nuestras salas.
Por el contrario, son formas eficaces de alejar al público del teatro.
FATMAN Y FLAQUIN, MISTERIO EN MONTEVIDEO CITY, de Helen Velando y Marcelo Rodríguez, con Juan Serra, Fernando Vannet, Mauricio Paiz, María del Luján Luna, Ricardo Gracián, Natalie Klang, Gerardo Rojas y Marcelo Viera. Escenografía y vestuario de Alejandra Berriel y Cristina García, luces de Marcelo Rodríguez, dirección general de Helen Velando. En teatro del Anglo, Sala 2. *
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