El beso de Judas: por un puñado de dólares
Es un título que escapa a las coordenadas del género. Se trata de «Judas Kiss», largometraje dirigido por Sebastián Gutiérrez que cuenta con las actuaciones estelares de Emma Thompson y Alan Rickman.
El comienzo puede impresionar como un filme del montón: se trata de un secuestro organizado por una pareja de amantes, cierto técnico especialista bastante ladino y el loco pesado de la banda, un secuaz con muchos músculos y pocas neuronas. La víctima es un empresario im-pres-cin-di-ble del universo informático y su rescate supone el desembolso de varios millones de dólares. Claro que, como no podía ser de otra manera, las cosas se complican y en el operativo muere una persona emparentada con los círculos del poder. De ahí en adelante, el plan sufre alteraciones varias, la presión del FBI, los medios comunicacionales y el revanchismo de un influyente senador estadounidense.
El mérito de este largometraje es –precisamente– zafar del lugar común con un guión más que atendible, además de presentar un juego audiovisual con algunos recursos formales realmente interesantes. No se trata del policial barato con balazos fáciles y estereotipos a la orden del día. En este caso el director Sebastián Gutiérrez se las ingenia para reciclar las pautas del género y redondear una historia de corte adrenalínico, buena dosis de suspenso y la sorpresiva vuelta de tuerca que obliga al espectador (y a los protagonistas) a desandar el camino para decodificar señales que resuelvan el enigma.
Pero el comentario estaría incompleto si no se pasara revista a la labor histriónica de la dupla Thompson-Rickman como los agentes policiales atípicos que van reacomodando piezas para la resolución de un acertijo que proyecta implicancias y sugiere no atender primeras impresiones. Realmente se nota que cualquiera de los dos actores saborearon sus personajes: Rickman es el policía perdedor, divorciado y escéptico que pelea su lucha solitaria a lo Philip Marlowe, mientras Emma Thompson encarna a una peculiar agente del FBI astuta y desinhibida. Ambos constituyen un disfrute aparte dentro del largometraje; ese toque de distinción que agrega puntos a favor en la consideración cualitativa de El beso de Judas.
Dentro de tanta reiteración y refrites guionísticos, esta propuesta funciona a las mil maravillas. No se trata de gran cine, obviamente. Sin embargo, dentro de su modestia, alcanza un nivel más que disfrutable para una platea heterogénea y capaz de complacer diversos niveles de exigencia. Ya es bastante. *
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