Nuevo disco de Jorge Drexler

Sea lo que sea

Jorge Drexler vuelve al ruedo con la edición de Sea, su nuevo álbum discográfico. Una docena de canciones de impronta amorosa, con un formato sonoro que evoca a su anterior disco Frontera, pero que sólo da dividendos parciales.

Cuando apareció un disco como Frontera se pudo amarrar a Jorge Drexler a una lógica de cambio, especialmente en la arreglística de sus canciones. Todo fue un brusco giro de timón formal que disparó al Drexler creador y al Drexler intérprete en una idea de soltura, de fluidez y de generosa expresividad muy ejecutiva y solvente.

Drexler había decidido cruzar esa frontera que lo encasillaba en la vieja noción de «cantautor» con el desarrollo de un álbum que había crecido en sus aciertos poéticos, en su modo de decir y sobre todo en cómo sumar a éste (el cantar con sus variaciones) a tramas sonoras construidas impecablemente por Carlos Casacuberta y Juan Campodónico. ¿Otro Drexler? Posiblemente un creador más dueño de sí mismo y en la línea de crecimiento que muchos estaban reclamándole.

El balanceo sonoro de Frontera persiste y en buena medida plantea superarse a sí mismo en su flamante disco Sea. Es un proyecto que posee esencialmente ejercicios o ensayos amorosos en las doce canciones que redondean una labor respaldada otra vez por la dupla productora (los ex Peyote Asesino con su touch eléctrico y electrónico), por la ductilidad de Francisco Fattorusso, por Luciano Supervielle, entre otros músicos invitados.

Sea es el disco mas afectivo de Jorge Drexler, el más confesional y el que modula una superficie letrística que permite otras lecturas por debajo de una primera, más literal. Marca su posición desde el arranque: «Cada cual en su propio ajedrez, su propia jugada» o bien «¿quién quiere estar girando por siempre mirando su ombligo?» en una comarca, la nuestra, y en consecuencia en un «pueblo acostumbrado a añorar».

Lo que no funciona del todo en Sea es el edificio sonoro, esas viñetas que más que arropar o potenciar el decir, al contrario de Frontera, hacen que los resultados de Drexler sean por momentos monótonos y contraproducentes.

Esa casi uniforme línea de tensión interpretativa, sin acudir a matices, a otorgarle coloraciones diversas, es lo que determina, que en definitiva y a nivel formal, Sea se limite a continuar los lineamientos estéticos de su anterior trabajo. Por eso, el disco en su lectura global termina siendo algo así como más de lo mismo, aun cuando su letrística siga poseyendo atracción y algunas de sus canciones tengan el impacto y la resolución esperada (por ejemplo «Me haces bien» y acaso «Durante» e incluso «Crece», de lo mejor del compacto).

La arreglística del álbum parece trazar una direccionalidad que trabaja en paralelo con Drexler. Es como si la amalgama que se había logrado casi a la perfección en Frontera, en Sea resulte retórica. Refinada y repetitiva, con un Drexler intérprete que no logra la soltura apropiada. ¿Qué pasó? Sea lo que sea, tal vez un nuevo cambio de timón podría ser la salida.*

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