Ciclo antropófago en la Cinemateca

Sólo para gourmets

Cinemateca Uruguaya exhibe desde ayer un ciclo sobre «Gente que come gente».

El canibalismo es uno de los grandes tabúes de la sociedad occidental. Eso ha motivado una cantidad de sentidos metafóricos al hecho de comerse a otros seres humanos, que han ido más allá del sentimiento primitivo de la ceremonia ritual para absorber la energía del enemigo vencido. El poeta Carlos Drummond de Andrade lo inventó y el movimiento tropicalista de los años sesenta, comandado por Caetano Veloso y Gilberto Gil lo llevó a lo musical. La actitud era devorar y digerir todo lo interesante que viniera de afuera para crear algo nuevo.

El cine ha rescatado todas esas posturas, además de hacer del canibalismo un espectáculo truculento para consumo masivo. Como se sabe lo prohibido siempre vende. Un curioso ciclo ideado por Cinemateca Uruguaya da cuenta de esos vaivenes. La excusa de buscar en el archivo películas de «gente que come gente» (así se llama el ciclo) es el reciente estreno de Hannibal, continuación de El silencio de los inocentes, donde Hannibal Lecter come más individuos que en su primera aparición.

Hay espacio para la comedia (negra por supuesto) de Comiéndose a Raúl, de Paul Bartel y La excelente Delicatessen de Pierre Jeunet y Max Caro, además de aquel filme de Greenaway que despertó tantas polémicas en su momento: El Cocinero, el ladrón, su mujer y su amante. También se exhibirá El Chiquero de Pasolini (un director que se especializó en derrumbar tabués). Si se hubiera ido hacia filmes que exploran el canibalismo en un sentido más metafórico, podría haberse recurrido a La noche de los muertos vivientes, brillante ejemplo de cine a la vez fantástico y político. Sin duda, el ciclo es tan caprichoso y parcial como interesante, dando la oportunidad para revisar algunos filmes que hace tiempo no se ven. *

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