Museo viviente
El tiempo ayudó el pasado domingo al desarrollo en la Quinta de Santos del ¿espectáculo? llamado El pabellón de las magnolias, del género «museo vivo».
Catorce números o cuadros de danza, música o actuación estaban distribuidos por el parque, la ruinosa casa o su azotea. El público era invitado a seguir a tres bailarinas (guías posibles), pero también podía inventar su recorrido, como en un museo, observando los números a su gusto guiándose con un planito. En el parque, a la vez espléndido y salvaje, con un lejano sonido de saxofón podía verse a una figura caminando interminablemente por un rosedal, o a otras agitadas con movimientos obsesivos en otro. Quien se quedara podría ver que una arena (alegoría de reloj, de tiempo) cambiaba los movimientos. Sobre una silla de colores una sábana se autodevoraba para dejar ver a una durmiente. En el techo de la casa de muñecas, un actor interpretaba un monólogo.
Dentro de la casa, en una pieza bailaba Carolina Carrón al ritmo de samplers. En materia de danza, el mayor despliegue de energía. Frente, otros bailaban con la música de cello de Mauricio García.
En otro cuarto Viviana Verdesio actuaba un gracioso monólogo de una hincha fanática. En el patio, Andrea Arobba improvisaba danza con un escobillón.
En la azotea, además de Pamela Retamosa con su saxo, había otros tres espectáculos de danza; el más concurrido, el juego de Natalia Burgueño y Ayara Hernández con el percusionista Daniel Márquez. Los concurrentes eran invitados a tirar un dado que indicaba el ritmo y estilo de danza; si salía el 6, el jugador debía bailar.
Había más. Algunos números quedaron en el tintero. También había diferencias pronunciadas de nivel y, más importante, de adecuación de cada propuesta a la situación de museo viviente, que demanda una serie corta y repetible.
Pero la idea general valió la pena. El público de las dos funciones consecutivas (14:30 la primera) era numeroso para nuestros parámetros teatrales. La oportunidad de recorrer la quinta de día –y con ese sol– era un plus no despreciable.
A la fecha no está prevista la repetición de este o de otro «museo viviente». Es una lástima. *
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