ENTREVISTA CON MARIANA WAINSTEIN Y RUBEN COLETTO

Inauguró el Espacio Cultural Cervantes

Coletto y Wainstein han tenido ya una destacada actuación en nuestro teatro. Se recuerda especialmente entre sus últimas realizaciones la imaginativa puesta en escena de Ruben en PuertoLuna, de «La improvisación del alma», de Ionesco, que le valió un premio «Florencio» y una invitación al Festival de Porto Alegre y la puesta en escena de Mariana, obra muy elogiada por la crítica y aún en cartel, «Historias ajenas» de Donald Margoulies (Teatro Alianza).

Como ambos importan en el teatro uruguayo de hoy y acaban de dar un firme paso adelante en sus carreras, LA REPUBLICA los entrevistó, en un atareado mediodía, en el mismo espacio teatral donde cartones, jirones y cables eléctricos anuncian el panorama desolado donde las criaturas de Arrabal –Apal, Climando, Mita, el Viejo de la flauta– exponden su desolación y sus tenues esperanzas.

 

Mariana Wainstein nació el 28 de octubre de 1964 en Montevideo. Tiene un tierno recuerdo de su padre, José Wainstein, que fue dueño de la «Librería Inglesa», de la Ciudad Vieja, punto de referencia y de encuentro de la intelectualidad local hasta hace algún decenio. Judío, proveniente de una familia rusa de las cercanías de Odessa, Wainstein había nacido (1910), según su versión, exactamente en la esquina del tango, San Juan y Boedo, en Buenos Aires, ciudad en la que vivió y donde se casó por primera vez, matrimonio del que tuvo una hija, hoy radicada en Buenos Aires, Perla. Se divorció, trasladó su domicilio primero a San José en el Uruguay y luego a Montevideo, donde fue toda una figura de la bohemia intelectual; editó la revista «Tribuna», gustaba de la charla, en el café Tupí Nambá, de los bailes del Teatro Solís, de los cigarros «Blackstone» y de los solitarios de la baraja. Mariana es casada con el escritor Alvaro Malmierca, tiene una hija de 9 años, Lucía, y vivió años en Tel Aviv, donde estudió teatro y en Nueva York, donde estudió cine y administración de arte.

 

–¿Cómo se conocieron tus padres?

MW –Mi madre era de origen polaco; su padre, Abraham Tarsich, fue el único de mis abuelos que conocí. La familia emigró a Buenos Aires cuando ella tenía tres años; al sobrevenir el peronismo se radicó en Uruguay. Después en Israel, donde siguió la carrera diplomática, que curiosamente es la carrera de mi marido, Alvaro Malmierca. Pero mi madre volvió al Uruguay para hacer una suplencia en la Embajada de Israel y aquí conoció a mi padre: se casaron, tuvieron dos hijas, Berta y yo, y aquí vivieron, siempre en la Ciudad Vieja, en el edificio «Costa Azul» en la calle Reconquista. También yo me fui a vivir a Israel, donde estuve ocho años: la historia se reproduce como en espejo, porque mi marido debió ir a Israel por exigencias de su carrera a la Embajada del Uruguay, en Tel Aviv, donde nos conocimos en ocasión de una conferencia de Wilson Ferreira Aldunate en 1985 en la que mencionó a mi padre, que era blanco y concurría a la mesa de Ferreira en el Tupí Nambá. Nos pidieron de la Embajada que fuéramos a colaborar con el agregado cultural, Zoma Baitler, yo fui y cuando llegué a la Embajada, oí que alguien cantaba la canción de Jaime Roos que habla de Durazno y Convención… Era Alvaro, y nos casamos.

 

–¿Dónde estudiaste en Montevideo?

MW –En la Escuela Integral Hebreo Uruguaya, desde los 3 años a los 18, con un interregno en los Estados Unidos de seis meses en una beca de intercambio de Youth for Understanding. Viví en casa de una familia judía de clase media en un suburbio de Filadelfia, que se parecía mucho a mi vida aquí. Empecé a estudiar Medicina

 

–¿Cómo se desarrolló en ti el interés por el teatro?

W –Estudié cuatro años en la Facultad de Artes Visuales, opción teatro, en Tel Aviv, aunque de niña ya preparaba unos sketchs con una amiga que hoy es psicóloga, Jenny, para la escuela, en lo que fue mi primera experiencia como productora. El estudio en Tel Aviv fue muy importante porque era muy sistemático y muy en serio. También pude viajar durante mi estadía en Israel. Viajar es como una segunda Universidad y nos brinda oportunidades para encontrarnos con nosotros mismos.

 

–¿Cuáles fueron tus comienzos en el teatro?

MW –En Uruguay comencé con títeres, que creí sería mi carrera. También trabajé con títeres en Tel Aviv, donde escribí y dirigí obras para marionetas. Cuando volví me puse en contacto con Tato Martínez y Raquel Ditchekenian y se me ocurrió de pronto hacer una obra sobre Maquiavelo y el Renacimiento Italiano para títeres de adultos. Alvaro me dijo «Yo te la escribo». Me puse en contacto con Irma Abirad, le dije que había un actor, Jones (Roberto) que podía servir para esta obra, pero Irma, por error, me trajo a Juan Jones, con quien trabajamos como seis meses y al fin hizo la obra. El elencó varió, allí conocí a Alejandra Wolff, que hizo de Lucrecia Borgia, actuaban Leonardo Lorenzo e Ismael da Fonseca, que trajo a Ruben Coletto, que hacía de Michelloto, el guardaespaldas de César Borgia.

Posteriormente Alvaro escribió una novela sobre César Borgia de 700 páginas, «El cardenal de Valencia», aún no publicada.

 

–¿Tenés un trabajo además del teatro?

MW –Desde el 3 de agosto de 1999 soy coordinadora de los cursos de la licenciatura de Producción Audiovisual en ORT.

 

–¿Cuáles son tus próximos proyectos?

MW –«Danzando ante el dios de la luz», de Alvaro, sobre Sócrates, que bailaba solo frente a Apolo y «Yerma.com.uy», una versión de «Yerma» porque trata de la obsesión de procrear basándose en la comunicación y su exceso. Yerma es alguien a quien todos indican y sugieren cómo debe actuar. Precisamente buscando un espacio yermo encontraron el Espacio Cervantes.

 

–¿Qué autores dramáticos te interesan más?

MW –La tragedia griega, Ayax, Filoctetes, Electra, Antígona de Sófocles, Ibsen, Shakespeare. Mi preferencia es la tragedia.

 

–¿Cuál es tu color predilecto?

MW –El azul.

 

–¿Tu música preferida?

MW –El Jazz, en especial Louis Armstrong, la música brasilera. Estoy descubriendo el tango gracias a Alvaro, a todas las horas pares. Del Uruguay me gusta Jaime Roos.

 

Ruben Coletto, por su parte, nació el 17 de noviembre de 1965. Es una «Serpiente», en el horóscopo chino (Mariana es un «Dragón»), pero ambos son de Escorpio y fundaron el teatro, a medias imaginario, de «El Escorpión», cuya sede es en la Santa María de Onetti. Cuando estuvieron en Estados Unidos con «Bartleby», les preguntaron cómo se llamaba el grupo y sobre la marcha inventaron o reinventaron el «Teatro del Escorpión». Quieren para su «Espacio Cervantes» de preferencia a nativos de Escorpio.

La familia de Coletto es de origen calabrés, por parte de su padre, y radicada desde generaciones en el Uruguay y en particular en el Buceo. La familia es grande, ama reunirse y festejar, gusta de la música: el padre toca la guitarra, aman las fiestas familiares con muchas personas: Ruben recuerda particularmente los «asaltos» de Carnaval, donde iba la gente disfrazada, bailaban y a la medianoche había que revelar la identidad y quitarse las máscaras.

 

–¿Cuál fue tu formación escolar?

RC –Estudié en un colegio religioso, el de San Cayetano. Era cuando la dictadura y mi madre pensó que habría menos problemas si iba a una escuela privada. San Cayetano colaboró con «Apocalipsis» con unos bancos. Del catolicismo me gustaba el rito, la ceremonia. Quiero hacer una obra hablada totalmente en latín.

 

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