A 64 anos del nacimiento de cantor popular se reunieron pueblo, artistas y autoridades

Se tributó homenaje a Zitarrosa

Tal como lo había adelantado LA REPUBLICA, el tributo al artista organizado por la Fundación Zitarrosa y la Intendencia Municipal de Montevideo contó con la presencia del diputado argentino de la Alianza Fernando Finvard, quien –en la sala– descubrió una placa recordatoria al artista.

Posteriormente y en un escenario montado en la calle se ofreció un espectáculo en el que participaron Ruben Olivera, Marcos Velázquez, Daniel Viglietti, Washington Carrasco y Cristina Fernández, los argentinos Julio Lacarra, Nacha Roldán y Tarragó Ross, el olimareno Braulio López, Manuel Capella, Fernando Cabrera, Mariana Ingold, Jorge Schellemberg, Roberto Darwin, Pablo Estramín, Hugo Trova y el conjunto Los del Pueblo, entre otros.

Ayer, la fundación que lleva su nombre propuso que la fecha de su natalicio sea oficializada como el «Día del Artista Popular Uruguayo». El espectáculo fue conducido por Ignacio Suárez, Emilio Suárez Silveira y Homero Rodríguez Tabeira.

Zitarrosa fallecido a los 53 anos el 17 de enero de 1989, había nacido el 10 de marzo de 1936 en Montevideo.

La trayectoria de este artista mayor de la cultura uruguaya –reiteradamente difundida y analizada a través de estas páginas– se inició cuando tenía apenas 8 anos de edad y cantó por primera vez en una radioemisora radial. En su juventud trabajó en múltiples oficios hasta que su privilegiada voz, su clara dicción y su perseverancia le ubicaron como uno de los locutores más destacados de la radiotelefonía nacional. Lector empedernido, sus inquietudes artísticas le llevaron a incursionar en el arte dramático debutando, a los 22 anos en la obra La piel de los otros, del dramaturgo compatriota Juan Carlos Legido, con la dirección de Ruben Castillo. Un ano después, en 1959 ganó el concurso municipal de poesía inédita.

Su debut público como cantor fue en el ano 1964 e inmediatamente grabó su primer disco, un doble que reunía cuatro canciones: «Milonga para una nina», ‘Mire amigo», «El camba» y «Recordándote».

A partir de allí el éxito le acompanó permanentemente, su popularidad creció día a día, dejando para el acervo popular composiciones que serán recordadas por siempre, entre ellas «Dona Soledad», «Milonga de ojos dorados», «Coplas al compadre Juan Miguel», «El violín de Becho», «Si te vas», «Pal´que se va», «El candombe del olvido» «Adagio a mi país», «Stefanie», «Adios Madrid» y muchas otras, junto a esa obra inmensa que es «Guitarra negra».

Muchas de estas canciones son fruto del exilio al que debió partir en 1976 perseguido por la dictadura uruguaya. Un exilio que en su caso fue superlativamente doloroso ya que –según sus propias confesiones– nunca logró adaptarse ni a la sociedad mexicana ni a la espanola, dos naciones que lo cobijaron generosamente y en las cuales transcurrió su mayor tiempo en calidad de exiliado. El 31 de marzo de 1984, en el marco de un operativo de desexilio que traería de vuelta a la patria oriental a varios artistas (Daniel Viglietti, El Sabalero José Carbajal, Los Olimarenos, Mario Benedetti y a los integrantes del teatro El Galpón, entre otros) Zitarrosa regresó al seno de su pueblo, siendo el primer músico en retornar. El recibimiento en el Aeropuerto Internacional de Carrasco fue apoteósico y en medio de una inmensa caravana de vehículos, el artista llegó finalmente a la sede de la Asociación de Empleados Bancarios del Uruguay, ubicada en las calles Camacuá y Reconquista, en donde entre miles de uruguayos que fueron a recibirle, se reencontró con familiares, amigos y colegas, brindando allí sus primeras declaraciones en una emotiva y por momentos desbordada conferencia de prensa. Casi cinco anos después, el 17 de enero de 1989, Alfredo pasaba a la inmortalidad.

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