Entre música, libros e historia
La crisis económica parece no haber afectado a Cabrera, que está en uno de sus momentos de mayor actividad. Un ciclo de un mes en el teatro Alianza, un concierto a sala llena en la Zitarrosa (se promete en breve otro recital en esa sala) lo demuestran. Quienes hayan visto los conciertos con su excelente cuarteto, pueden ratificar que el músico está pasando también por un momento creativo especialmente rico.
«La crisis funciona igual, porque es imposible salir de eso siendo uruguayo», comenta Cabrera. «Los años pasados también fueron muy duros. Pero no hay que fijarse mucho en eso. Hace 25 años que estoy en la música y ya me dejó de preocupar. Las preocupaciones son otras: lo estético, lo musical, lo que estamos proponiendo a la gente. Yo tengo un mínimo canal de funcionamiento. Es pequeño, pero me permite existir, dar recitales, sacar mis discos. Hay una cantidad de gente que está relativamente atenta a lo que hago desde hace muchos años y que, por suerte, se renueva, siempre hay caras nuevas en los recitales. De momento puedo seguir dialogando tranquilamente a un ritmo interesante, no de abundancia, pero que me agrada».
–Ha sido un año curioso, porque pese a la crisis hubo una cantidad inusual de ciclos y recitales de música uruguaya…
–Estamos en un momento de mucho contacto del público uruguayo con sus músicos. Se nota con Rada, con Jaime Roos y también con los nuevos grupos de la música tropical. Pienso que como hubo una recesión del contacto entre músicos y público en los últimos dos años se generó un hambre de oír música nacional. Crisis hay y tal vez sea peor, pero eso no quita que uno siga haciendo canciones.
–Hablando de crisis, muchas de tus últimas letras tratan sobre el destino de Uruguay como nación. ¿Qué te ha llevado a interesarte en esos temas?
–Desde siempre me interesaron. En estos últimos años, esa preocupación se empezó a mechar en los posibles temas que puede tener una canción mía. El interés por la historia, por la sociología, por el futuro del país, nuestra conducta y nuestra idiosincrasia me preocupan desde la adolescencia.
–¿Qué es, en ese sentido, lo que más te preocupa ahora?
–Una cosa que observo es que el uruguayo no ha cambiado mucho. Hay características que están desde la época colonial. Esa es una cosa que me interesa como tema. Lo que me preocupa del presente es que crece el nivel de deterioro. Es una cosa que me mortifica. Me desespera ver un pueblo como el nuestro, que podría estar mucho mejor, en el nivel de deterioro actual. Lo cual significa un tremendo problema para el futuro. Es algo que se ramifica en muchas áreas del ser humano, en la educación, en la salud ,en la conducta.
–No hablás sólo de deterioro económico…
–No, lo económico tal vez sea el motor, lo que determina que una persona baje escalones en su nivel social.
–¿Eso se nota a nivel artístico?
–No, porque la manifestación artística de esta sociedad está en manos de las clases medias, que todavía respiran un poco.
–Decías que el uruguayo cambia poco, eso marcaría que existe una identidad, algo que ahora está muy discutido.
–Si leés crónicas de la colonia te vas a encontrar con que las calles de la ciudad ya estaban llenas de basura en ese entonces. Pasaron 250 años y todo sigue igual. Somos muy limpios adentro de nuestra casa, pero trasponemos la puerta y cambiamos. Más allá de lo anecdótico eso está demostrando una falta de cultura colectiva, algo que yo siempre digo de este pueblo. No funcionamos como equipo. Hay también un componente de indolencia que estuvo siempre.
–La temática social y política ha dejado de tocarse en la música popular. Lo tuyo es casi una excepción.
–A partir de la caída de la dictadura es evidente que hay ciertas preocupaciones y urgencias que dejan de existir. Desde que comencé a hacer canciones hasta el día de hoy, siempre tuve una mirada a la sociedad, eso no varió en las épocas de la dictadura. De vez en cuando alguna de mis canciones observan subjetivamente lo que yo entiendo que pasa en nuestra sociedad.
–¿Pensás en un posible receptor a la hora de componer tus canciones?
–Sí y no. Una parte de mí me pide que piense en el público cuando compongo. La mayor parte de las veces otra parte me dice «nunca vas a ser millonario con esto, lo tuyo tiene un alcance muy pequeño así que date todos los caprichos que quieras». Entonces, no me preocupo, hago lo que me sale, sabiendo incluso de antemano que va a ser de difícil consumo. Ya que tengo el privilegio de expresarme libremente, lo que es un milagro, utilizo esa oportunidad para hacer lo que quiero.
–En los años ochenta cuando te volcaste más hacia el rock ¿tampoco pensabas en una posible audiencia?
–La razón primordial de ese acercamiento al rock fue de espíritu de aprendizaje. También sacarse el gusto de estar más cerca de una música querida, algo que escuchaba de niño y que para mí era lo máximo. No tanto el rock en general, más el fenómeno peculiar de Los Beatles como hacedores de canciones. Como ellos tomaron del rock una serie de cosas y dotaron a la canción de esa energía roquera. Me parecía que la mejor manera de aprender y de sacarme el gusto, no iba a ser leyendo en libros, sino llevando eso a la práctica. Para eso me acerqué a las personas que me podían ayudar en ese entonces, que no eran muchas. Una de ellas fue Jorge Galemire, que ya tenía toda una actividad desde las épocas del candombe beat.
Siempre tuve claro que yo no era un roquero. Soy un cantautor del Río de la Plata, que trata de utilizar distintas cosas que le interesan. Puede ser el rock and roll, la música barroca, Bartok, Chico Buarque, Atahualpa Yupanqui, Tom Jobim, Bob Dylan o Varèse.
–Y lo que estás haciendo ahora con este grupo ¿también va en el mismo sentido de experimentar cosas nuevas?
–Hace unos cuatro años que toco con Ricardo Gómez, siempre como baterista. Pero él tiene una doble formación. Es un percusionista de formación académica. Toca en la Banda Sinfónica Municipal, domina toda la instrumentación de percusión clásica y está en el Perceum, un grupo de percusión contemporánea. Cuando él se compró un vibráfono enseguida quise incorporar ese instrumento.
–Percusión, vibráfono, bajo y guitarra. Es una formación bastante particular.
–Eliminé la batería y armé, con Ricardo y Edú Lombardo, una sección de percusión donde se integran muchos mundos de la percusión, desde elementos de la música culta al rock, pasando por la música afrolatinoamericana.
–A veces se tiene el concepto del cantautor como alguien que compone sus canciones en la guitarra y no se preocupa mucho por la instrumentación y los arreglos. No es tu caso.
–Yo tuve una cierta formación académica. En mi adolescencia no pensaba que iba a ser cantautor, me quería convertir en un compositor de música instrumental. Cuando empecé a estudiar en el Conservatorio Universitario conocí a una cantidad de gente que me impulsó a mostrar mis canciones. Jorge Lazaroff fue el principal impulsor para que yo comenzara a presentarme en público.
–Has mantenido siempre una actividad musical por fuera de tus canciones, haciendo música para teatro y cine e incluso estrenando el año pasado una obra con la Sinfónica del Sodre. La canción mezcla dos mundos: el de la literatura y el de la música, ¿Has tenido actividad literaria «pura»?
–No mucha. En narrativa he tenido un fracaso absoluto, lo cual hasta no hace mucho me dolía, ya que tengo un
gran amor por la prosa. Pero jamás pude hacer nada bueno en narrativa, por lo que abandoné. Lo otro que podría hacer es poesía pero me di cuenta de que lo mío no es eso, no soy un poeta. En todo caso soy un tipo que escribe letras de canciones. Alguna de ellas puede tener un nivel poético. La canción es una cosa híbrida entre música y letra que tiene reglas diferentes a la poesía.
–¿Qué te falta experimentar a nivel musical?
–Tal vez explorar otras zonas de la canción, como lo he venido haciendo últimamente. Estructuras más libres, con muchas partes, que cambien de ritmo. Lo que te puede permitir historias más largas, asimilando lo narrativo de contrabando en una letra. Mi frustración en la narrativa la canalizo con algunas letras largas.
–¿No te interesa investigar en todo el mundo tecnológico?
–Estoy prestando atención a ese mundo. Mi interés tiene que ver con cómo he encarado la música siempre. Como te decía a mí no me interesa hacer rock, me interesa tomar del rock. Lo mismo me pasa con el hip hop y la música electrónica. Me interesa tomar elementos de ahí. Como no puedo dedicar tanto tiempo a investigar en todos los estilos, muchas veces los colegas y amigos me sirven como fuente de información.
–¿Sos un consumidor de música, te gusta estar informado sobre lo último que sale?
–No, nunca fui un obsesivo. Pero como contrapartida te diría que a mí todo me llama la atención. Todo el día tengo el oído prendido, no preciso poner un disco, todos los sonidos me interesan.
–Has escuchado últimamente algún disco que te haya sorprendido?
–Sí, pero es algo que ya tiene como diez años. Paul´s Boutique de los Beastie Boys, que me arrancó la cabeza. Generalmente me intereso en los fenómenos musicales después que pasaron. Eso te sirve para no encandilarte. Si escuchás algo cinco años después y sigue siendo bueno comprobás su validez y su capacidad de influencia.
–¿Sos un gran lector?
–Sí, como forma de ocupar el tiempo te podría decir que uso más la lectura que la música. No me las tiro de culto, ni le recomiendo libros a nadie. Puede sonar hasta cínico, pero para mí la lectura es la mejor manera de entretenimiento y de evasión. Quizás a alguien le caigan mal estas palabras, pero yo cada vez que puedo trato de evadir la realidad. Descubrí desde temprano una manera relativamente barata y sana de hacerlo, dos en realidad, que son mis preferidas: la lectura y el sueño.
–Por lo que veo no te interesa tanto el cine.
–No soy para nada cinéfilo. Veo que todo el mundo lo es, y me llama la atención no encontrar a nadie como yo, prescindente del cine. No soy aficionado a consumir imágenes.
–Naciste en la época equivocada.
–Totalmente. Encuentro que en el cine ya está todo hecho, deja poco espacio para la imaginación. Te ves sometido a estar una hora y media sentado a oscuras viendo una película, es como viajar.
–¿Qué estás leyendo ahora?
–Soy de leer varios libros a la vez. Recién leí un libro precioso de Mariela Nigro, una poetisa uruguaya. A la vez me embarqué en una enésima relectura del Martín Fierro, combinada con Los Tres Gauchos Orientales de Lussich, dos libros que salieron casi al mismo tiempo. También una autobiografía de Paul McCartney. En mi mesa de luz siempre hay más de nueve libros que voy leyendo a la vez. *
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