ARTE

Picasso y la danza

NELSON DI MAGGIO

 

Se trata de una serie de obras dispares que no circulan habitualmente y son prácticamente desconocidas constituyendo estrenos absolutos en Montevideo. Son ex-céntricas.

El ciclo arranca con Picasso y la danza, un período muy particular e incongruente del genial malagueño cuando se vinculó a los círculos de la nobleza y a la alta burguesía (pintó frescos para la millonaria chilena Eugenia Errazuriz), pasaba sus vacaciones en los balnearios de moda (Biarritz, Antibes), frecuentaba escritores (Cocteau), músicos (Satie) y especialmente la compañía de Diaguilev, donde conoció a su primera esposa, la bailarina Olga Koklova. Rico y famoso, dejó atrás la bohemia de Montmartre. De la colaboración con los Ballets Russes, iniciada en 1917 en Italia con Parade, culminaría con El tren azul en 1924. En el medio, El sombrero de tres picos, de 1919, Polichinrela (1920) de Strawinsky, la frustrada colaboración para La siesta de un fauno de Debussy y Mercure (1922) de Satie. Se exhibirán en una versión de la Compañía de la Opera de París de 1994, El tren azul y El sombrero de tres picos.

El tren azul tiene música de Darius Milhaud, trajes de Coco Chanel, coreografía de Bronislava Nijinska, decorados del escultor Henri Laurens y telón de escena de Picasso a partir del cuadro Dos mujeres corriendo por la playa o La carrera de 1922 y fue una realización para los Ballets Russes de Diaguilev.

A pesar del título, no hay ningún tren azul, pues la acción pasa en una playa. El propio Diaguilev explicó: «La primera cosa que hay que decir de El tren azul es que en él no hay ningún tren azul. Estando en la edad de la velocidad, ya llegó a destino y sus personajes desembarcaron. Los vemos en una playa que no existe, enfrente a un casino que no es menos inexistente. Sin embargo, cuando la obra fue prersentada por primera vez en París, la gente se sintió inexplicablemente invadida por el deseo de subir al tren azul (los ferrocarriles franceses se caracterizan por ese color) a Deauville y practicar revigorizantes ejercicios». Es que Nijinska basó su coreografía en movimientos relacionados con la natación, el golf, el tenis y juegos de playa, los deportes favoritos de una época (los años locos) en que se descubría la vida al aire libre, se viajaba en avión y en automóvil, la mujer cambiaba la ropa y el peinado, acortándolos, aplastaba inmisericorde la silueta para lucir diseños prácticos aptos para seguir los compases del tango y el charleston, trepar a la carlinga de los aeroplanos o a un tranvía en movimiento (Michèle Morgan lo hizo en El muelle de las brumas). Muchos artistas exaltaron la nueva sociedad industrial y de consumo, del ocio compartido y los espectáculos masivos: compositores (Rugby, Skating, Pacific 231 de Honneger, Promenades de Poulenc, Sports et divertissements de Satie, L´Aviatore Dro de Francesco Balilla Pratella, Pas d´acier de Prokofiev), pintores (Picasso, Léger, Duchamp, Picabia, Tatlin), escultores (Calder ys famoso Circo), fotógrafos (Jacques Henri Lartigue), cineastas (El circo de Chaplin, A propos de Nice de Jean Vigo).

Los dos personajes principales de El tren azul, la campeona de tenis y el buen mozo, están inspirados en figuras mundanas de la época (la tenista Suzanne Lenglen y la aficción al golf del príncipe de Gales), que aparecen satirizados, y fueron interpretados por Bronislava Nijinska y Antón Dolin. Duración, 23 minutos.

El sombrero de tres picos (1919) tiene música de Manuel de Falla, vestuario y escenario de Picasso (admirables), el libreto pertenece a Martínez Sierra basado en una obra homónima de Pedro Antonio de Alarcón, coreografía de Leonide Massine (aprendió con un bailaor andaluz en esta oportunidad) y cuenta la historia de un Corregidor libertino que intenta seducir a la Molinera. La puesta, actualizada, es magnífica. Duración, 30 minutos.

Los tres deseos es una ópera-film de Bohuslav Martinu, escrita en 1928, y recién estrenada en Praga en 1971. El libreto pertenece a Ribemont-Dessaignes, y la puesta que se conocerá es una versión de la Opera de Lyon de 1990. Un proyecto audaz elaborado por Martinu en 1928, para glorificar al cine de manera sarcástica y exhuberante. La acción transcurre durante la filmación de una producción de Hollywood y narra las evoluciones de un triángulo amoroso a través del prisma deformante y frenético de los códigos del cine mudo. La trama absurda que los protagonistas filman termina por tener eco en la vida real de los actores. No se trata del teatro dentro del teatro sino del cine dentro de la ópera, una idea revolucionaria que exigía medios tecnológicos tan avanzados para la época que el estreno recién se produjo en 1971.

El libreto pertenece al poeta francés Georges Ribemont-Dessaignes, con quien Martinu compartió el gusto por el dadaísmo, el surrealismo y la experimentación escénica. Los tres deseos es una corrosiva mezcla de humor negro y fantasía freudiana, burlándose de los clichés del cine y el teatro romántico y simbolista. La partitura recoge los ritmos de los años veinte, del expresionismo al jazz, del saxo al acordeón, desde las baladas de Gershwin al neoclasicismo del Grupo de los Seis.

Si no hay coherencia estilística, sobra imaginación en este auténtico retrato de época, donde se deslizan la voluntad de torpedear los valores establecidos con sus propias armas, incluyendo la vulgaridad de la radio y el lugar común de las partituras de cine. Una brillante adaptación de la ópera a la televisión y una visualización operática del cine mudo, donde la intrincada y compleja obra encuentra una admirable versión por un equipo sin fisuras en todos los rubros

El programa, de un mes de duración, se complementa con una representación del Odin Theatret de Eugenio Barba en una aldea portuguesa en 1996 (60 minutos), de un recorrido por Lisboa a través de la magistral guitarra de Carlos Paredes (60 minutos) y de una entrevista a Tennessee Williams y una breve intervención del bailarín y coreógrafo William Forsythe. Las artes visuales, el cine, la ópera, la música, la danza y la literatura de los grandes del siglo XX.Un festín inusual, por cierto, y además gratuito. *

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