Un provocador bávaro
ese a que Herbert Achternbusch ha rodado hasta la fecha 27 largometrajes, es mucho más conocido en su natal Alemania como novelista, artista plástico y dramaturgo. Su obra fílmica tiene fama de ser demasiado compleja y sus provocaciones han despertado las iras de los censores de turno. En 1982, el ministro del Interior alemán tildó de blasfema su película El Fantasma e intentó excluirlo de las subvenciones al cine. Su filme Hola Baviera debería –según palabras de un político social cristiano– «horrorizar profundamente a todo bávaro que se precie».
Las acusaciones de «dificil» son contestadas así por el propio cineasta: «La ley que impera en este mundo es la de la comprensión. Cada punto de este mundo debe ser entendido por todos los demás puntos del mundo. De ello deriva que cada punto del mundo debe parecerse a todos los demás puntos».
En las películas de Achternbusch no hay una clara distinción entre realidad y sueño. Los muertos pueden regresar sin más a la vida, una supuesta reserva indígena se transforma en un sanatorio y una momia egipcia puede escaparse de su sarcófago. Hay también en los filmes del director alemán una continua provocación a las costumbres y la historia de su país.
En ¡Sálvese a Hitler! , el artista mezcla el pasado de la guerra con el presente de los simpatizantes del nacionalsocialimo, un tema aún tabú para la sociedad alemana.
Este francotirador, «una fuerza del desorden» según un critico, comenzó a hacer películas en 1974. Desde el próximo domingo, Cinemateca Uruguaya ofrecerá un ciclo dedicado a su obra, que comienza con su primer filme La Sensación de Andechs, e incluye el resto de sus obras. *
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