Las traducciones peligrosas
JUAN MENDIETA
En una columna anterior me alarmaba por la invasión de términos anglosajones en nuestra lengua. El tema me llevó a rever algunas traducciones bastante singulares que hoy quiero compartir con ustedes.
En primer lugar, vea el lector cómo suena la versión inglesa del poema de Acuña de Figueroa convertido en Himno Nacional: Orientals: our country or our tumbs./ Freedom, or in glory perish. ¿Qué tal?
Don José Hernández también ha sido vapuleado al llevar su Martín Fierro al italiano: Pizzicando la mandola incomincio la canzone. Un buen comienzo, aunque no tan logrado como el consejo del Viejo Vizcacha en catalán: Sempre convé tenir palenc on anar a gratarse. No está mal, ¿verdad?
Dejando la lírica gauchesca y pasando a la música y poesía ciudadanas, el plañidero abandonado de Ma nuit triste llora así en francés: J’achète toujours des petits gateaux pour manger avec l’infusion comme quand tu étais ici. Pobres franchutes, ¿cómo traducir matecito?
Así es, amigo lector: la traducción no es moco de pavo; por algo se vincula al traductor con un traidor (traduttore traditore, dicen los italianos).
Recuerdo la sorpresa de un profesor de francés al corregir el deber de una alumna sobre la ropa, donde se leía: «Je porte une cage à poules bleue». La pobre había consultado el diccionario, y la palabra pollera (un inexplicable sinónimo rioplatense del castellano falda) no estaba, obviamente, traducida como jupe, y lo que había expresado era que llevaba puesta una jaula de gallinas azul.
El colmo de este disparatario franco-hispano es el poema La lune, producto de la inspiración lírica de un estudiante liceal, y que dice así: La lune est colguée de le ciel/par un hilite tan finite tan finite,/que si algún fils de pute va y lo corte,/ la lune tombe sur la terre/ et tout le monde se va à la merde.
–Mire que son complicados para hablar, los gringos, ¿no? ¿Por qué no hablarán en cristiano como todo el mundo?
–¡Qué lo parió! *
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