El encantamiento de una diva
En su show (sábado 7 en el Conrad) Ney Matogrosso presentó las canciones de su disco «Batuque», bailó toda la noche y cantó como para comprobar que se trata de un imprescindible en cualquier memoria de las nobles. Y es que Matogrosso es asunto serio. Mejor dicho, es toda una diva, una auténtica diva que trabaja como pocos el lenguaje corporal en un escenario frente a un público que palmeó eufóricamente cada uno de sus movimientos.
El instrumento es Ney Mattogrosso y su abordaje de clásicos de la década del treinta y cuarenta (la época de oro de la música popular brasileña, confesó a su hechizado auditorio) exponiéndose con una soltura sobresaliente (esa manera de mover la cintura, esa manera casi de chico post glam-rock con la que se presentó) y respaldándose en un equipo de instrumentistas de gran desarrollo musical tanto en las cuerdas, la percusión como los vientos.
Ney Matogrosso, el transgresor de aquel legendario proyecto que fuese Secos & Molhados, sin embargo, no presentó novedades. Más bien instaló al público en una época de la música popular brasileña que, más tarde, dio lugar a todo tipo de experimentaciones desde João Gilberto, pasando por el tropicalismo (Caetano Veloso y ainda mais), hasta proyecciones de notabilísima resolución estrictamente musical como Hermeto Pascoal o Egberto Gismonti (quien el próximo 23 actuará en Montevideo).
Ney es una diva, un rey travestido mucho antes de Alice Cooper o de Marylin Manson, aunque con un plus seductor que avasalla de principio a fin en el fluir de su set.
Al mismo tiempo parece atravesar todos los encasillamientos, puede fundirse tranquilamente en el kitsch (con esas palmeras brillosas y estridentes colocadas al fondo del escenario), volverse a la vez anacrónico y moderno, utilizar los climas más diversos para enganchar a sus receptores.
Nada más suelto que Ney Matogrosso en sus atuendos. Y esa voz que nunca se resquebraja, nunca decae sostenida por un saxo tenor o por una espléndida sección de cuerdas.
Todo funcionó casi a la perfección: Ney Matogrosso seguramente no brindó el mayor concierto de su vasta trayectoria pero mostró su modo de dejar mudo a un público que con gratitud le devolvió más de una más que merecida ovación. *
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